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miércoles, 21 de noviembre de 2012
CONVERSACIÓN CON ALZURU SOBRE SU VAGABUNDO Y CRISTO REY
Entrevistador: Buenos días profesor Alzuru. Hemos querido hacer esta entrevista a propósito de su artículo El Vagabundo y Cristo Rey.
Jonatan Alzuru: Muchas gracias, lo primero que te diría es que no es un artículo. Tiene una estructura entre ensayo y cuento, entre ficción y realidad. Bueno pero imagino que usted viene por alguna inquietud particular.
E: Mire profesor…
JA: Disculpa, me puedes llamar Jonatan ese es mi nombre, he tenido el oficio de profesor, en este tiempo he aprendido el oficio de ama de casa. Pero nadie le dice a las ama de casa. Mire ama de casa, sino le dicen señora o su nombre… Pues bien, yo prefiero mi nombre.
(La manera que habló Jonatan me causó una risa indescriptible, yo no sé si me hablaba en serio o en realidad porque eso tiene mucho de verdad, pero me dio pena repreguntar sobre eso. Él también soltó una carcajada)
E: Está bien… Mira Jonatan.. Tu escrito ese cuento es bueno pero tiene unas metáforas, unas imágenes un poco escatológicas, fuertes.. Creo que innecesariamente, si me permites decírtelo.
JA: Es curioso, ¿Sabes? Cuando queremos decir algo pedimos permiso diciéndolo, yo también he hecho eso. Pero no te sonrojes, tranquila. ¿A cuál imagen te refieres?
E: Bueno donde escribes que el vagabundo excretó en la estatua de Cristo Rey.
JA: La palabra que usé fue se cagó. La usé como la utiliza el vulgo. Como la usamos al interior de nuestras casas, como hablan las personas del barrio, como yo que nací en una zona popular, en un barrio, en Coche. ¿Qué te parece fuerte de la imagen?
E: Todo, imaginármela me parece horrible, casi una falta de respeto. Bueno leyéndote se entiende, pero es como fea. Bueno esa fue mi impresión, pero quisiera que me dijeras: ¿por qué fue esa imagen? ¿Se te ocurrió de pronto o tiene una argumentación detrás? Y me lo imagino porque sé que tú tienes por lo menos diez u once años trabajando asuntos de estética… Pero bueno a veces uno le da vuelta a la cosa y no había argumento, eso pasa también…
J: Yo tengo una relación muy estrecha con mis excrementos… Chica no te rías que es verdad… (Tuve que parar el grabador porque no podía aguantar mi ataque de risa) Óyeme que te hablo con la máxima seriedad (continuó y puso la cara tan seria como para que mi sonrisa se hiciera un línea recta). Hace como siete años me hicieron una operación del intestino. Cuando salí del pabellón mi intestino no reaccionó. Eso produjo que entrara en una crisis y un colapso en todo mi cuerpo. Todos pensaban que moría en poco tiempo. Pues no fue así. La señal de recuperación era que evacuara, primero aunque fuera agua y así sucesivamente. Nadie imagina la cara de felicidad de mis hermanos, mi mamá, mi esposa y mis hijo cuando salía del baño y decía lo hice. Era una alegría impresionante. A los diez meses de aquel acontecimiento llamé a todo el mundo porque mis excrementos tenían una consistencia. Mis hijo me gritaban no bajes la palanca papá, para verlo. Mis cuñados, mis suegros y mi esposa entraron a verlo. Hubo una celebración con una copita, no podía tomar más, de vino. El excremento es parte constitutiva del cuerpo. No es agradable a ninguno de los sentidos, pero ella da cuenta de la salud o la enfermedad. No representa al cuerpo es parte del cuerpo, consustancial con él que es expulsado al exterior. De no expulsarse el cuerpo muere, pero en el exterior no deja de dar cuenta sustancialmente del cuerpo al que pertenece. Mi imagen es una parte de mí que se le echa encima a la estatua. Una parte de mí que hizo y hace que me vea en la salud o en la enfermedad. Esa parte de mí es la que estéticamente es la más insoportable de mí. Pero no deja de ser mía, me constituye. ¿Por qué se la echa a la imagen del Cristo César? Porque esa imagen agradable a todos los sentidos del cuerpo es la antítesis, radicalmente, de quien fue Jesús. Ella es agradable a la vista pero ni siquiera es un excremento, porque ya dije que eso es constitutivo. Esa imagen es otra cosa, no pertenece al cuerpo. Mira, hace como tres años, trabajando en El Centro de Investigaciones Postdoctorales de la UCV, se incorporó al Programa Postdoctoral que yo coordinaba, un profesor que quería hacer la pasantía postdoctoral en nuestro Centro, tuve la dicha de Coordinar, mejor dicho, de acompañar su trabajo. Es un profesor que tiene más títulos de los que tu tienes en la cartera. Está en la Complutense de Madrid. Él había sido un cura y su trabajo de investigación era sobre la iconología e iconografía religiosa de la Baja Edad Media. Es decir, su investigación era el trabajo de imágenes. Aunque yo coordinaba el Programa, el supuesto tutorado, era un especialista en algo que yo jamás ni siquiera se me había ocurrido pensar. Pero leyendo sus trabajos, haciendo las conversaciones de investigación y empapándome someramente del asunto, descubrí una cosa que seguramente cualquier estudiante de arte lo sabe o los historiadores, pero yo lo aprendía a ver en ese momento, la relación entre imágenes y soportes teológicos. Como las pinturas las mandaban hacer o los Papas o los Cardenales, trataban que el pintor reflejara la interpretación que tenía o de la sociedad o de un pasaje del evangelio. La investigación que realizó mostraba la vinculación entre encíclicas papales y pinturas… Era mínimas las que se apartaban, siendo religiosas, de la discusión eclesial del momento. Hay toda una especialidad dentro del mundo religioso, especialmente católico, en el ámbito de la estética que trabaja esos asuntos. Así pues, en resumidas cuentas. Creo que la imagen es más brutal que mis excrementos. Pero también acepto que no te guste. Yo no escribí para gustar o disgustar, no tuve ese propósito sino para expresar mi pensamiento de denuncia en clave de cuento, quien lo agarre bien. Como una botella con un mensaje que se lanza al mar, así lo hice.
E: ¿Qué te motivó a escribir ese cuento?
JA: Una imagen que vi de Jesús en una procesión dentro de la celebración de la solemnidad de Cristo Rey. Había asistido, casi por casualidad, y bueno la vi y escribí.
E: Yo he visto imágenes como esa, muchas de Cristo Rey, es más creo que todas las que he visto se parecen a la que describes, no sé si con la mano alzada pero con la corona sí. Segurísimo. ¿Por qué sucede eso? ¿Tienes alguna hipótesis al respecto? ¿Es casualidad?
JA: No es casual. Podemos durar horas, días, meses y años mostrándote la relación entre poder político y poder religioso. Pero sobre todo poder monárquico y poder religioso. Tan sólo señalar, por ejemplo, que después que el emperador romano se hace cristiano, sus hijos dividen el imperio. Recordemos que el imperio era toda Europa, el norte de África, parte de Asia… La ilusión de la vuelta al Gran Imperio no sólo fue un deseo de reyes, sino de muchísimos Papas. La legitimidad de los Reyes era la bendición Papal. Por allí es largo el cuento. Yo creo que ese tipo de representación tiene un fundamento más reciente. En concreto las fiestas de Cristo Rey, fueron instituidas por el Papa Pio XI en 1925. El escribió una Encíclica llamada Quas Primas, donde hacer la interpretación de lo que significa Cristo Rey. A partir de allí muchos colegios como los de los Agustinianos Recoletos se llamaron Cristo Rey, organizaciones y comunidades religiosas. Si te fijas en su simbología ve el escudo del colegio de los Cristo Rey de los Agustinos, pues tienen una corona como la de los reyes. Casualmente, si revisas las imágenes de las coronas casi todas pertenecen o son muy similares a las monarquías europeas. La del Cristo que vi tiene la imagen del Príncipe de Asturias. Te repito eso no es casual, porque la Encíclica de Pío XI, lo sostenía, déjame citarte un solo parágrafo:
“18. Y si los príncipes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.”(Pío XI, Quas Primas)
E: ¡Increíble!, lo de esa Encíclica, claro, entonces, tú tienes una mirada opuesta…por supuestísimo…
JA: Antes de mí han escrito muchos en contra de tal interpretación. Para utilizar a un estudiosos de la teología y del mismo rango, te puedo citar al actual Papa con el cual uno puede tener mil diferencias en una cantidad de temas, pero en cuanto a la solemnidad de Cristo Rey que, por cierto, siempre se celebra al final del año litúrgico, desde que se aprobó en el Concilio Vaticano II, cualquiera coincide con él, digo cualquiera mínimamente que haya leído el evangelio. Él, con la elegancia eclesiástica, ofreció una interpretación radicalmente opuesta a la de Pío XI, en el 2008 dijo lo siguiente:
Celebramos hoy, último domingo del año litúrgico, la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo. Sabemos por los Evangelios que Jesús rechazó el título de rey cuando se entendía en sentido político, al estilo de los "jefes de las naciones" (cf. Mt 20, 25). En cambio, durante su Pasión, reivindicó una singular realeza ante Pilato, que lo interrogó explícitamente: "¿Tú eres rey?", y Jesús respondió: "Sí, como dices, soy rey" (Jn 18, 37); pero poco antes había declarado: "Mi reino no es de este mundo" (Jn 18, 36).
En efecto, la realeza de Cristo es revelación y actuación de la de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con amor y con justicia. El Padre encomendó al Hijo la misión de dar a los hombres la vida eterna, amándolos hasta el supremo sacrificio y, al mismo tiempo, le otorgó el poder de juzgarlos, desde el momento que se hizo Hijo del hombre, semejante en todo a nosotros (cf. Jn 5, 21-22. 26-27).
El evangelio de hoy insiste precisamente en la realeza universal de Cristo juez, con la estupenda parábola del juicio final, que san Mateo colocó inmediatamente antes del relato de la Pasión (cf. Mt 25, 31-46). Las imágenes son sencillas, el lenguaje es popular, pero el mensaje es sumamente importante: es la verdad sobre nuestro destino último y sobre el criterio con el que seremos juzgados. "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis" (Mt 25, 35), etc. ¿Quién no conoce esta página? Forma parte de nuestra civilización. Ha marcado la historia de los pueblos de cultura cristiana: la jerarquía de valores, las instituciones, las múltiples obras benéficas y sociales. En efecto, el reino de Cristo no es de este mundo, pero lleva a cumplimiento todo el bien que, gracias a Dios, existe en el hombre y en la historia. Si ponemos en práctica el amor a nuestro prójimo, según el mensaje evangélico, entonces dejamos espacio al señorío de Dios, y su reino se realiza en medio de nosotros. En cambio, si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo no puede menos de ir hacia la ruina.
Queridos amigos, el reino de Dios no es una cuestión de honores y de apariencias; por el contrario, como escribe san Pablo, es "justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rm 14, 17). Al Señor le importa nuestro bien, es decir, que todo hombre tenga la vida y que, especialmente sus hijos más "pequeños", puedan acceder al banquete que ha preparado para todos. Por eso, no soporta las formas hipócritas de quien dice: "Señor, Señor", y después no cumple sus mandamientos (cf. Mt 7, 21). En su reino eterno, Dios acoge a los que día a día se esfuerzan por poner en práctica su palabra. Por eso la Virgen María, la más humilde de todas las criaturas, es la más grande a sus ojos y se sienta, como Reina, a la derecha de Cristo Rey. A su intercesión celestial queremos encomendarnos una vez más con confianza filial, para poder cumplir nuestra misión cristiana en el mundo. (Benedicto XVI, 23/11/2008)
En el 2010, Benedico XVI sigue profundizando en el asunto, en la celebración de Cristo Rey, dando la vuelta a la interpretación de Pío XI, allí dice:
El Evangelio de san Lucas presenta, como en un gran cuadro, la realeza de Jesús en el momento de la crucifixión. Los jefes del pueblo y los soldados se burlan del "primogénito de toda criatura" (Colosenses 1,15) y le ponen a prueba para ver si tiene el poder para salvarse de la muerte (cf. Lucas 23, 35-37). Sin embargo, "precisamente en la cruz, Jesús está a la altura de Dios, que es Amor. Allí se le puede 'conocer'. [...] Jesús nos da 'vida' porque nos da a Dios. Nos lo puede dar porque él mismo es uno con Dios" (Benedicto XVI, "Jesús de Nazaret", según la edición italiana Milán 2007, 399 404). De hecho, mientras que el Señor parece pasar desapercibido entre dos malhechores, uno de ellos, consciente de sus pecados, se abre a la verdad, alcanza la fe e implora "al rey de los judíos": "Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino" (Lucas 23,42). De quien "es antes de todas las cosas y en él todas subsisten" (Colosenses 1, 17) el llamado "buen ladrón" recibe inmediatamente el perdón y la alegría de entrar en el Reino de los Cielos. "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lucas 23, 43). Con estas palabras, Jesús, desde el trono de la cruz, da la bienvenida a todos con la misericordia infinita. San Ambrosio comenta que "es un buen ejemplo de conversión al que debemos aspirar: muy pronto al ladrón se le concede el perdón, y la gracia es más abundante que la petición; el Señor, de hecho, dice san Ambrosio, siempre concede lo que se le pide [...] La vida consiste en estar con Cristo, porque donde está Cristo allí está el Reino" (Expositio Evangelii secundum Lucam X, 121:.. CCL 14, 379).” (Benedicto XVI,21/11/21010)
E: Interesantísimo Jonatan…
JA: Claro no es asunto mío, pero si fuera agustino recoleto o de cualquier otra congregación lo primero que me pondría revisar el evangelio, repensar mi simbología, porque eso dice de mí…. Pero ese no es mi problema ni m escrito pretende eso…
E: Jonatan ¡tú eres bastante cristiano! ¿Verdad?
(se rié)
E.: De verdad, me puedes contestar esta pregunta: ¿Eres cristiano?
JA: ¿Por qué preguntas eso?
E: Bueno porque he quedado loca con tu información sobre el mundo católico.
JA: Mira, déjame decirte así, mira nené, Google tiene más información que yo sobre el mundo católico y yo no sé si se le puede llamar cristiano a Google.
E: No me vaciles, pónte serio como estabas haciendo la entrevista.
JA: Bueno no he dejado la seriedad. Conocimiento e información, un mínimo de lectura e interpretación no dice nada del ser cristiano o no. Dice que leo e interpreto nada más.
E: Esta bien. Pero eres o no eres cristiano.
JA: Esa es una pregunta que no me haría a estas alturas de mi vida. Si tú asumes cristiano a la estadística de facebook que preguntan, ¿Religión? Entonces seguramente tendré que decir que sí. Si lo ves culturalmente también diré que sí. Por historia familiar también, una mamá que ha escrito libros sobre asuntos religioso, una hermana que ha ganado premios con novelas religiosas, dos hermanos que estuvieron en seminario y una hermana monja… ¿Te parece poco?... Pero, la verdad a mí me parece una falta de seriedad estarse llamando lo que no se es. No estoy hablando ni de los ritos, ni de la fe… si se entiende por fe es creer en dios, bueno eso es una mantequilla. Cualquiera hasta el gato, puede cumplir con ritos, sacramentos, pueden repetir palabras días y noches con lógica de rezo y saber más que Google sobre la religión. Entonces ese se llama cristiano y se ofenderían si uno le dice que no es así… Pero lo otro también es una mantequilla… Escribir como yo lo hice hace doce años. En mi tesis doctoral que fue sobre Ernesto Sabato, en su primer capítulo realizo un interrogatorio a mí mismo, allí me pregunto eso y contesto después de dudar mucho que soy un cristiano no institucional, un contemplativo en acción. Esa respuesta era una respuesta súper pretenciosa, porque por un lado decía que la institución no comprendía nada y yo sí… Además utilizaba una expresión muy interesante de San Ignacio para describirme… Era todo un juego pretensioso, aunque cuando lo escribí no lo percibía así. Recuerdo que me senté a pensarme seriamente…. Pero era una masturbación mental. Si cristiano se entiende como la asunción en la vida de la inversión de los valores planteada y vivida por Jesús, yo preguntaría quien viva así que levante la mano yo me arrodillo. Asumirse cómodamente en una definición es sentirse seguro. Estable en casa. Cuando lees a hombres serios como San Juan de la Cruz te das cuenta o por lo menos ahora lo veo así, que la incertidumbre, la intemperie, la no comodidad de la definición y, por el contrario, la inquietud y voluntad del desandar caminos es más cónsona con nuestras fragilidades. Pero desarrollar esto implicaría otra larguísima entrevista. Discúlpame que hablo como demasiado… Son sabios los que invitan al silencio… Debo aprender eso…
E: De verdad me dejas muy pensativa… debo releer esto una y otra vez, porque aquí hay un material para digerir como para un año… Gracias.
CRISTO REY Y LA INVERSIÓN DE VALORES
El gobernante, quien gobierna, es aquél que establece no sólo el cómo deben ser los asuntos, más allá de los procedimientos que utiliza para determinar el horizonte (democrático o autoritario), sino quien está al frente para determinar cuándo los gobernados perdieron el rumbo. Es decir, tiene la función de darle dirección a su gestión y coaccionar con argumentos o a través de la punición que los gobernados cumplan. Es el censor, de alguna manera, de lo que se debe o no se debe hacer.
El gobernante para hacerlo debe imponer su autoridad. La manera y forma cómo lo hace es otro asunto, delicado e importante, sustancial para discernir el buen del mal gobierno, pero que no es el objeto de la reflexión que deseo adelantar. El gobernante ejerce su autoridad y su ejercicio supone, toma de decisiones que se evidenciarán la distribución de costos y beneficios de los gobernados. Dentro de la estructura social, el gobernante, es el primer ciudadano, en tanto, su oficio es representar a todos los gobernados.
El vocablo servicio, entre otras acepciones, es aquella persona que realiza el trabajo de atención a los otros como un criado. En este sentido el sirviente, el que sirve, es aquél encargado de hacer los trabajos domésticos. Dentro de la estructura social de un país, de un estado o de una comunidad quienes ejercen tales oficios, no pertenecen a los que deliberan sobre el bienestar o no de la comunidad o el estado. Son aquellas personas que por su condición económica, social y educativa, se limitan a obedecer. Están excluidos de las tomas de decisión, casi por definición. Un buen sirviente es aquél que cumple de manera eficiente y eficaz lo que le ordenan. No opina sobre aquello que se debe o no se debe hacer. Dentro de la estructura social serían lo opuesto al gobernante.
La interpretación nietzscheana de la transvaloración de los valores, usando un vocablo teológico, la transustanciación de los significados de Rey y Esclavo, en el análisis de la pasión Cristo, no está descoyuntada del Evangelio. No se trata del análisis de un acontecimiento donde el intérprete fuerza lo que lee para decir lo que él quiere decir. Donde lo leído, en este caso, el acontecimiento, es casi una excusa para dar una opinión. Decimos una vez más, este no es el caso.
El acontecimiento que narra el evangelista Mateo: “Lo desnudaron, lo envolvieron en un manto escarlata, trenzaron una corona de espina y se la colocaron en la cabeza, y pusieron una caña en su mano derecha. Después, burlándose, se arrodillaban ante él y decían:
-Salud, rey de los judíos!
Le escupían, le quitaban la caña y le pegaban con ella en la cabeza. Terminada la burla, le quitaron el manto y lo vistieron con su ropa. Después lo sacaron para crucificarlo.” (Mt. 27,27-31)
Es interpretado como el acontecer práctico que genera una inversión de los significados de Rey y Esclavo. Obviamente, un lector aguzado podría, contra argumentar diciendo que dentro de las sociedades a muchas personas que tenían una vida justa y digna, le ha sucedido, sino algo igual, por lo menos, similar. ¿Entonces, toda persona que sufra en su carne los abusos de poder, genera una transustanciación de las palabras? ¿Acaso esto no es una exageración del intérprete de ese hecho social?
Frente a tales interrogantes, acertadas y agudas, Nietzsche sostiene: “La vida del redentor no fue otra cosa que esta práctica, su muerte tampoco fue otra cosa…” (Nietzsche, A. XXXIII)
Si se interpreta la muerte de Jesús como un acontecimiento sin dar cuenta de lo que narran los evangelio de su vida, como un hecho aislado, entonces, toda persona que por contingencia o por enfrentamiento al poder que le suceda un asunto similar a la pasión de Cristo debería interpretarse de esa manera o similar. Por el contrario, si la actitud de Jesús durante su pasión se corresponde con una propuesta de vida, de cómo asumir las contingencias adversas, de cómo enfrentarse a los poderosos, de cómo enfrentarse a los que atentan contra su ser, más aún, si la propuesta de la transustanciación de los conceptos fue una propuesta de él antes del acontecimiento, entonces, la mirada de ese hecho social no es equiparable a la contingencia de alguien que sufra un evento similar o alguien que se enfrente al poder, a menos que la manera de enfrentarse a ese poder responda a la misma filosofía de vida propuesta por Jesús.
Iniciamos nuestro comentario dando cuenta de dos palabras gobernante y sirviente. Dos oficios que implican valores opuestos. Cuando decimos valores opuestos no sólo queremos referirnos al asunto de oposición de clases sociales, restringido tal asunto al ámbito económico, sino en un sentido más amplio, éticos, estéticos y políticos. Hay una extensa literatura sociológica y filosófica desde la modernidad hasta nuestros días que han mostrado ese engranaje. Gobernante, Dinero, Belleza, Razón, Derecho, Bien, Educación, Saber… Esos valores sociales asociados son opuestos a los valores asociados a la servidumbre, porque los valores se desprenden de prácticas sociales, costumbres, distintas.
Justamente, la prédica de Jesús fue una propuesta de inversión de los valores. Dice, el evangelio:
“Pero Jesús los llamó y les dijo:
- Saben que entre los paganos, los gobernantes tienen sometidos a sus súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre ustedes; más bien, quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; y quien quiera ser el primero, que se haga sirviente de los demás. Lo mismo que el hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida por el rescate de muchos.” (Mt. 20, 25-28)
Tal inversión de los valores tiene implicaciones prácticas de todo tipo. Deténganse a pensar dos segundos en ellas y su asunción implicará como dice Nietzsche no una nueva fe, sino una manera distinta, radicalmente distinta de obrar. Tal vez, por ello, Pedro Legaria, un pensador católico, les recomendaba insistentemente a las hermanas de la Congregación que había fundado que se afanaran en la experiencia de servir, de hacer los servicios domésticos, que no pidieran cargos y su silencio cotidiano, fuera justamente, por la comprensión del lugar que tenían, al asumir la inversión de los valores… ¡Vaya complejidad de vida!
martes, 20 de noviembre de 2012
JESÚS, NIETZSCHE: TRANSVALORIZACIÓN: Algunas anotaciones
“La práctica es lo que legó a la humanidad: su conducta ante los jueces, ante los sayones, ante los acusadores y ante toda clase de calumnias y de burlas, su conducta en la cruz. No opone resistencia, no defiende su derecho, no da ni un paso para apartar de sí lo más extremado, más aún, lo provoca… Y reza, sufre, ama con quienes, en quienes le hacen mal. Las palabras dichas al ladrón en la cruz contienen todo el evangelio: “¡Este ha sido verdaderamente un hombre divino, un hijo de Dios!”, dice al la ladrón, si tú sientes eso, responde el redentor estarás conmigo en el paraíso; y tú serás un hijo de Dios. No defenderse, no hacer responsable a nadie… Por el contrario, tampoco oponer resistencia al mal, amarlo” (Nietzsche, Anticristo, XXXV)
“(….) con la palabra hijo expresa el ingreso en el sentimiento de la transfiguración general de todas las cosas (las bienaventuranzas)…” (Nietzsche, XXXIV)
Obviamente Nietzsche presenta una crítica radicalísima a la institución eclesial. La historia de la iglesia es el propio manantial donde bebe el pensador. Sin embargo, lo interesante, para mí, es cómo muestra que desde el legado práctico Jesús transvaloriza los valores, los transfigura. Decimos radicalidad porque aún cuando compartimos el horizonte de crítica del pensador alemán, nos distanciamos al mostrar que dentro de la historia del pensamiento cristiano hay hombres que comprendieron esa transvaloración, Francisco de Asís, aún cuando no la hayan sistematizado o teorizado, por ejemplo.
En otras palabras, Nietzsche muestra que Jesús genera una transustanciación del contenido de las palabras. Reinar no es mandar, sino servir. Esclavitud no es obedecer sino es un acto de libertad. Las palabras reinar y esclavitud pierden su contenido específico, lo que hace que ella sea, su sustancia y adquieren otro significado, tienen otra sustancia. Tal interpretación, por ejemplo, la encontramos en San Ignacio y pudiera compartir esa tesis, aún cuando Nietzsche, coloca a la Compañía de Jesús en el centro de su ataque, precisamente porque en ella evidencia la traición a Jesús. La Compañía es un síntoma de toda la crítica a la historia de la iglesia que realiza el pensador.
Esta crítica de Nietzsche es compartida por una multiplicidad de pensadores, sobre todo, por los modernos. Pero este no es nuestro asunto, por ahora, allí hay un debate rico e interesante desde la perspectiva teórica, porque la diferencia que hace Nietzsche entre Cristo y el cristianismo, pudiera hacerse en algunos casos, entre Francisco y los franciscanos o Ignacio y los jesuitas o entre Mahoma y los musulmanes o Buda y el budismo.
Sin embargo, consideramos más relevante, para nuestros fines actuales, perfilar una filosofía de la actitud, detenernos en otro asunto, en cómo Nietzsche describe la filosofía práctica de Jesús, de qué trata su legado práctico. En ello Nietzsche puede ser un pensador clave que nos puede dar pista en su replanteamiento de Jesús. Obviamente, mi propia mirada del asunto de Jesús, como fenómeno histórico y como propuesta de vida práctica, se distancia en muchos aspectos de la interpretación nietzscheana. Pero tampoco tendré eso como objetivo. Más bien me interesa volver sobre el asunto de la actitud práctica de Jesús, dando cuenta de mis coincidencias con Nietzsche en este diálogo que tengo con su obra.
La cruz de Jesús no es una opción por el sufrimiento por el sólo hecho de sufrir. No se trata de una prédica masoquista de la mortificación como opción de vida. Por el contrario es un final que es consecuencia de una asunción de sí que no supone un deber, “se debe actuar de tal y cuál forma”, por el contrario, la pericia del actuar dependerá de cada situación., porque la vida no es un cartograma, ni un razonamiento lógico, sino un río heteróclito. La asunción de sí en el mar de las contingencias lo condujo a la cruz.
La clave o una de las claves de esa sunción en relación con la otredad es aquella máxima que no dice: “Sean astutos como serpientes y sencillos como paloma” (Mt, 10, 16) La actitud no es negro y blanco sino sinuosa, se despliega en la medida que se abre el terreno. Es una práctica.
Justamente, porque se trata de una práctica, de otra forma de vida que se va haciendo en el momento del hacer es que encontramos en la vida de Jesús, actitudes que no son lineales. Desde una lógica del deber, del actuar siempre de una misma manera según un canon establecido, sería imposible conciliar cómo alguien que dice que coloques la otra mejilla si te golpean, setenta veces siete puede afirmar, por otro lado, que: “No piensen que he venido a traer paz a la tierra, sino espada. Vine a enemistar a un hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra. Y así el hombre tendrá por enemigo a los de su propia casa” (Mt.10, 34-36)
La asunción literal del último pasaje del evangelio supondría que el ser, la persona, se determina siempre por oposición al otro. Porque soy hijo me enfrento al padre, por ejemplo. Pero el asunto es más sutil. La oposición no es un una determinación a priori, porque son ricos o porque son sacerdotes o… No hay una determinación inicial del otro, el otro entra en juego cuando se cruza con el camino que se ha elegido y se responde dependiendo de la circunstancia, sin oponerse al así mismo sino reconciliado con ese mundo interior.
Jesús se enfrenta con aquellos que iban apedrear a la mujer adúltera, no porque eran ellos, por lo que ellos representaban, bien sea su estatus, su clase social o su poder religioso, sino porque se había erigido jueces de la fragilidad, no se veían a sí mismo. Su confrontación es invitarlos a mirarse en su propia fragilidad. Me enfrento porque no te miras y al mismo instante pretendes erigirte juez del otro. Enfrenta la actitud del otro, porque él ha optado por un obrar distinto.
Pero quizás, la clave que es resaltada por Nietzsche se encuentra en el siguiente pasaje: “Vino el hijo del hombre, que come y bebe y dicen: miren que comilón y bebedor, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores. Pero la sabiduría se conoce por sus obras” (Mt. 11, 19) La sabiduría es un saber práctico que se evalúa por las obras que produce. Las obras que produce están cargadas del pathos de su creador. La obra máxima es el propio ser. El creador que se crea a sí mismo en su tránsito por el mundo.
Jesús se plantea que el mandamiento más importante es amar al otro como a sí mismo. La estructura de referencia del amor, de la relación con el otro, es a partir de la relación consigo mismo. La comprensión de la fragilidad del otro sólo es posible desde la comprensión de la propia fragilidad. Precisamente, el apostar por escuchar al prójimo más cercano, uno mismo, entenderse desde la fragilidad e irse haciendo a sí mismo supone encuentros y desencuentros con el otro. Las rupturas no son desde la negación sino desde la afirmación de lo que se es. Esa afirmación de vida, esa voluntad de hacerse, en momentos, choca radicalmente con aquellas estructuras que desde el poder bien sea económico, político o religioso, pretenden determinar, desde el deber, la vida del sujeto. Es allí cuando se da la ruptura.
La ruptura supone no la negación sino una transvalorización del valor. Es por ello que la expresión Cristo Rey no es una negación del Rey, sino transustanciación de lo que significa Rey. “Lo desnudaron, lo envolvieron en un manto escarlata, trenzaron una corona de espina y se la colocaron en la cabeza, y pusieron una caña en su mano derecha. Después burlándose, se arrodillan ante él y decían: ¡Salud, rey de los judíos!
Le escupían, le quitaban la caña y le pegaban en la cabeza” (Mt. 27, 27-30) Su práctica, su asunción lo conduce a la humillación más grande. Jesús en medio de esa humillación se asume Rey. Su reinado se manifiesta en su expresión de perdón. No está negando al otro, más bien, comprende la fragilidad del otro que lo conduce a vejarlo y desde esa comprensión de la otredad obra, se hace un hombre que en medio de la máxima incertidumbre y debilidad tiene la fuerza para perdonar. Obviamente, esta actitud de Rey, absuelve o censura, no tiene los componente ni la simbología de lo que significaba Rey, dígase, César. De allí en adelante reinar pierde todo contenido tanto en sustancia como en simbología de lo que aludía la palabra. Y la humillación se transforma en su fortaleza. Su fuerza reside en la debilidad. La noción de fuerza y debilidad, también cobran nueva sustancia, son transustanciado los términos. Una nueva manera de obrar, genera crea, un nuevo lenguaje.
domingo, 18 de noviembre de 2012
EL VAGABUNDO Y CRISTO REY
I
El hombre estaba atribulado. No tenía nada ni pedía nada. Una religiosa que le amaba mucho le dijo: Hermano, estas así porque no rezas. Mira a los otros, han pedido y tienen carro, casa y trabajo. Saben pedir. Él sonrió y dijo, soy un vagabundo, yo no sé rezar. El vagabundo, medio borracho, se fue rumiando las únicas palabras del evangelio que aprendió cuando estudió catecismo: “Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados.” El vagabundo no pedía limosna ni pedía nada. No tenía certeza de nada, pero seguía caminando.
II
Era la imagen de un Rey. Una escultura bellísima. Una corona y una capa, lo hacían más alto, más esbelto, elevado. Corona y capa eran los atuendos de un emperador romano. Él, estaba vestido de César.
La imagen del emperador romano amalgamaba dentro de sí al poder político, económico y religioso. Los César solían colocar sus estatuas en el centro del foro, en la entrada de sus palacios o en la entrada de Roma, para que todos los súbditos lo conocieran y adoraran.
Era el Rey, el César, quien determinaba quiénes formaban parte de su pueblo y cuáles ritos debían procesar, cómo lo debían hacer y cuándo hacerlo. Sobre todo, determinaban qué actos no debían hacer. Estos mandatos del emperador los hacía cumplir el Censor.
El vocablo censo, censura, censor… es de origen romano y deviene de ese cargo especialísimo dentro del imperio. El Censor era el encargado de contar la cantidad de personas que formaban parte del imperio y el encargado de hacer cumplir los ritos a los dioses. También era el encargado de acusar ante el juzgado a los que no cumplían con los rituales. Toda esa estructura, normativa y punitiva, se desprendía del Rey quien le daba la legitimidad, era alfa y omega del Imperio.
Era de marmolina pulida. Blanquísima. Mano alzada bendiciendo, mandando o saludando a los súbditos. Corona de emperador. Manto, capa, no era púrpura, sino blanca porque se trataba de la armonía escultórica, pero traslucía su vocación de censor. Cuántos súbditos, qué deben hacer, cómo lo deben hacer y a quién se debe condenar. Imperio y Censura. Censura y Poder. Dinero, Política y Religión Judaica se amalgamaron un día y fue representada también al pasar de los años, con un Cristo César… El César Rey…..
III
El vagabundo vio la imagen del César y se cagó en ella. Lo echaron a gritos y a patadas. Las familias decentes no soportan la indecencia del vagabundo. La policía, muy uniformada y correcta, lo metió en la celda. Tal acto bochornoso debía censurarse. Así lo dijo el Alcalde, el Obispo y el Empresario. Lo llevaron en un Jeep. En la parte trasera. Esta esposado, porque era peligroso. Él se fue, aún con la tunda de palos que recibía por los honorables policías, muerto de la risa… Nadie entiende a los locos, pensaba el vagabundo, mientras canturreaba entre risas y escupitajos, aquella canción de Héctor Lavoe, que dice así:
Esta risa no es de loco,
se están riendo de mi
me dicen que yo estoy loco
pero se están cayendo de un coco
porque de mi no pueden reír
lo que les pasa es que sin
mi saoco no pueden vivir
porque yo canto, bailo, toco un poco
y me hace sacudir.
IV
¿Cuál Jesús? (Preguntó inocentemente, pero con las ganas de partir en dos ese monumento a la traición)
- Jesús, nuestro redentor, Jesús de Nazaret. Respondió la señora perfumada.
Una opción, la prudente, la de sonrisa y alabanza, era la de callar, aplaudir, no decir nada para no quedar mal, la de la comodidad… Además parecía un asunto como de irrespeto, en el momento de la alegría generar una amargura… Eso pensaba. Su cuerpo estaba lleno de dudas. ¿Cómo actuar?
Él no nació para los aplausos, aunque le solían dar bastantes… Tantos aplausos le deban hasta que decía no sólo lo que agradaba, sino también lo que pensaba… Allí el aplauso era acompañado por un mar de críticas. Luego del aplauso solían venir groserías, miradas y hasta golpes…
Por eso él había dejado de predicar hacía años, él no se sentía verdaderamente alguien que podía conciliar su vida con su palabra… No sentía que era capaz de decir lo que pensaba porque a veces ni el mismo se entendía… Para él, predicar era un asunto muy serio… Y él no se sentía digno de sí mismo para hacer tal cosa…. Incluso, una vez sintió que cometió el error de volver al púlpito, pero rápido se fue al desierto.
¿Cómo se puede predicar? Quién predica no tiene otro fin sino el de la cruz, porque no hablará desde el deber, sino desde el hombre. No le importará la ley, el día sábado, el día de guardar, ni las buenas o malas opiniones. No le importará andar con putas, malandros o samaritanos… quien predica es alguien definitivamente cristiano. ¿Quién es cristiano?
Un libro proscrito por la iglesia, porque su nombre pareciera una herejía, El Anticristo, escrito por Nietzsche y, tal vez, dentro del Sacro Imperio de la Iglesia tienen razón de quemarlo, porque el argumento central es que el Anticristo es la institución Eclesial, porque traicionó casi desde el mismo momento de la muerte de Jesús, a Cristo…
(Una evidencia, de la tesis nietzscheana, era esa imagen de César que llevaba el nombre de Cristo Rey…)
Nietzsche dice lo esencial del que predica, del cristiano. Para saber quién es cristiano, si no se quiere leer el evangelio porque pareciera un asunto medieval o sólo para curas. Entonces es recomendable para los ateos, praa los agnósticos y para los más anticristianos, los que comulgan a diario sin saber qué hacen aunque tengan años de teología en el bolsillo, a todos ellos se les recomienda, digo una vez más, de no querer leer el evangelio, entonces, leer a Nietzsche.
Así escribe: “No es una fe lo que diferencia a los cristianos; el cristiano obra, se diferencia por un obrar distinto…
El profundo instinto de cómo se debe vivir para sentirse en el cielo, para sentirse eterno, mientras que con cualquier otro proceder uno no se siente en el cielo: ésta es la única realidad de la redención. Un nuevo modo de vida, no una nueva fe…” (Nietzsche, Anticristo, XXXIII)
Quien predica no habla, sino que obra de una manera distinta, su palabra es su ser.
Como no había emprendido la ruta de un nuevo modo de vida, dejó de predicar. Pero… ¿se callaría este asunto?
V
Él buscó dentro de sí. No era ni siquiera un asunto de testimonio o no, ni de ser cristiano o no… No volvería a predicar, pero no dejaría de decir lo que pensaba, sobre todo porque el simbolismo, la interpretación del Cristo estatua era un asunto más elemental… de lectura… Hasta un ateo, podría contra argumentar el simbolismo de la estatua blanquísima con capa y corona de César, pensó… Entonces no es un ejercicio de predicador, sino como estricto lector. De allí que se dispuso a escribir.
¿Jesús se parecía al César? ¿En qué contexto se proclama Jesús Rey? ¿De qué trata su reinado? ¿Frente a quien se proclamó rey? Dice el evangelio:
“Le dijo Pilato:
- Entonces, ¿tú eres rey?
Jesús contestó:
- Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.”(Jn, 18, 37)
“Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar. Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo vistieron con un manto rojo y acercándose a él le decían:
- ¡Salud, rey de los judíos!” (Jn., 19, 1-3)
- Ahí tiene a su rey.
Ellos gritaron:
- ¡Afuera, afuera, crucifícalo!
Les dice Pilato:
- ¿Voy a crucificar a su rey?
Los sumos sacerdotes contestaron:
- No tenemos más rey que el César.
Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. (Jn. 19, 14-16)
El pueblo Judío y el Imperio se unieron. Jesús no es César. “El que se hace rey va contra el César” (Jn. 19,12) Para los acusadores de Jesús, no hay otro rey que el César. El César tiene una bella corona y un manto. Jesús tiene una corona de espina, no es la del príncipe de Asturia. Su atuendo de rey, era la mofa del romano. La burla era la de los poderosos tanto políticos como religiosos frente a un Jesús que optó por otra manera de vivir. Jesús no predicó una fe distinta. No era una fe distinta a la del pueblo judío, era una manera distinta de vivir. Por ser distinta terminó crucificado por el poder económico, treinta monedas, poder político, Herodes y Pilatos y el poder religioso, los sumos sacerdotes.
El Rey Jesús, era el hombre súper frágil que desde su fragilidad pone en cuestión a la religión judía, al poder económico y al poder político de su momento. El Jesús rey es el desvalido, el humillado.
“Los soldados se burlaban de él. Se acercaban a ofrecerle vinagre y le decían:
- Si eres rey de los judíos sálvate.
Encima de él había una inscripción que decía: Este es el rey de los judíos.”
Es paradójica la señal de la vida de Jesús. Su proclamación de Rey, no es en una fiesta, no hay fiesta. Es una tragedia personal no sólo por lo que padece sino por la incomprensión de sus seguidores y, a su vez, es el sello de su alianza, es su opción de vida que termina en una inmensa burla.
La burla obviamente, es porque lo consideran loco, no es un Rey… no tiene poder político, ni económico ni es de los doctores de la ley… Se burlan porque lo consideran un loco. Su vestimenta de rey, es la mayor ofensa a Jesús. Su reinado no es de este mundo, no es el de César, es el de la verdad. Pero la verdad la dicen los niños y los locos, los racionales prefieren mantener sonrisa y el buen decir e ir a misas a pedir por la paz del mun do mientras aprietan el botón de la guerra. Jesús el loco rey, el rey loco… “(…) sus parientes fueron echarle mano, porque se decía que no estaba en sus cabales” (Mc.3,21)
VI
El vagabundo estaba ebrio. No quería salir de la cárcel. Les gritaba que en cualquier parte hay una cárcel. La cárcel es la de ustedes, aquí estoy en libertad. Lloraba y reía de manera simultánea.
Cuando lo buscaron. Había resucitado. Nadie le pudo dar muerte…
" ha resucitado y ya nadie podrá volver a darle muerte . Aunque nuevos
saduceos intentarán convertir su evangelio, que es la espada de los pobres, en escudo amparador de los ricos, no lograrán matarlo. Aunque nuevos herodianos pretendan valerse de su nombre para hacer más lacerante el yugo que doblega la nuca de los prisioneros, no lograrán matarlo. Aunque nuevos fariseos se esforzarán en trocar sus enseñanzas en mordazas de fanatismo y en acallar el pensamiento libre de los hombres, no lograrán matarlo (…) Él ha resucitado y vivirá por siempre en la música del agua, en los colores de las rosas, en la risa del niño, en la savia profunda de la humanidad, en la paz de los pueblos , en la rebelión de los oprimidos , si , en la rebelión de los oprimidos, en el amor sin lágrimas.” MIguel Otero Silva
VII
Dijo la religiosa. Yo soy esclava de Cristo Rey. La figura de Cristo Rey es la más humana de Jesús o mejor dicho donde visualizamos la mayor entrega de Jesús y su condición humana absolutamente. Porque es el Dios humillado, el ofendido, el que todos escupen. El que se le consideraba loco. Ese rey que se burla hasta el ladrón que le dice sálvate… ¿Acaso no eres el mesías?... Es el rey que vive su máxima soledad y sufrimiento. Cristo Rey es lo contrario radical de un rey… El opuesto al César. La esclavitud a ese rey no tiene nada que ver con asuntos de esclavos ni de reyes. No es la esclavitud al césar. Por el contrario es la máxima libertad, con la responsabilidad absoluta de la vida que se asume. Donde no hay un Dios que hable como en el antiguo testamento desde los cielos. Dice el evangelio que comentaban: “Espera a ver si viene Elías a salvarlo” (Mt, 27,49). No hubo voz del cielo…. Por el contrario, lo que se removió fue la tierra… “Al ver el terremoto” dice el evangelio….
La asunción de la fragilidad como reinado hace crujir la tierra, es un terremoto donde “el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo”…
El reinado es el de la fragilidad de la condición humana como verdad. Es por ello que nuestra virtud es la humildad y la práctica de la humillación es un asunto que nuestro Padre Pedro Legaria siempre hablaba…
Nadie entendió a la monjita, yo tampoco.
VIII
El vagabundo se apareció y dijo entre lenguas aquí traje la revelación… ¿Qué significa esclava de Cristo Rey? “Al discípulo le basta ser como su maestro y al sirviente como su señor” (Mt, 10, 25)… Agarra este trompo en la uña papá, dijo y se fue jodiendo…
viernes, 16 de noviembre de 2012
COMIDA LENTA, NOCHE OSCURA
La filosofía de la actitud se pregunta por el cómo asumir el instante, el acontecer, en su pleno desarrollo. No es un conjunto de consejos válidos para cualquier situación y en cualquier circunstancias. Más bien, indaga en la sensibilidad, en el oído que uno mismo debe tener para escucharse. A veces, sorprenderse de uno mismo... No huye del desierto ni de la oscuridad... Por el contrario, indagar, en la asunción de la incertidumbre, en ese no saber qué hacer, en la confusión de los sentidos, es su ritmo más preciado.
No prtende buscar una varita mágica para encontrar la brújula del buen vivir.. Hay momentos que lo más sensato es asumir la incapacidad de orientarse, penetrar lentamente en los laberíntos interiores, descubrir las posibilidades que surgen de la lentitud de la depresión y del olvido...
Es como el artista que hace un boceto y sabe que no es lo que quiere, pero no sabe a ciencia cierta lo que quiere y sin embargo, aunque se llene de ron, de drástica rabia consigo mismo, indaga como si la solución la tuviera al voltear la esquina, aunque está seguro de su fracaso... pero lo intenta, una y otra vez... Su drama es la imposibilidad de acertar mientras sigue intentándolo... pero esa experiencia es inigualable para su condición de creador... Es el ejercicio de su voluntad frente a la negación de la vida...
¿La pastilla? Es un buen invento para calmar lo que no tiene calma, el ser... Es la brujería y la autoayuda ficticia de los tiempos modernos... La noche oscura como decía San Juan de la Cruz, puede ser una experiencia dificilísima de asumir, pero extraordinaria de vivenciar si dejamos de tener miedo a nosotros mismos... La luz es su anhelo de todo ser humano, pero jamás se podrá reconocer si no se experimenta la noche, la oscuridad... La pastilla anula una parte sustancial del ser, pretende hacernos como Alf, aquél extraterrestre que decía "No hay problemas"... Seguramente, en casos extremos, dirían alguno es necesaria... También es cierto..Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a la comida rápida... a la salud rápida, al bienestar rápido, al aprendizaje en diez fáciles lecciones... Precisamente porque la vida transcurre rapidamente debemos vivenciarla lentamente... A veces, esta vertiginosa especialización, nos hace cómodo y por eso corremos para que los señores especialistas nos digan qué hacer con el hijo o la hija o la pareja... o que resuelva al hijo, la hija o la pareja... Es más fácil darle la responsabilidad al médico, ese cura, sacerdote contemporáneo... O, también se recurre a pedirle a Dios... Olvidando aquel extraordinario pasaje del evangelio donde Jesús, grita Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado? y del cielo no se escucha nada... Lo deja en su humanidad, en su soledad y en su estricto sufrimiento.... Si se comprendiera eso... tal vez... No sé... si por lo menos lo pensaramos seriamente, mirando a cada persona que nos constituye... Prefiriiéramos el placer de la comida lenta.... A veces creo esto...
miércoles, 24 de octubre de 2012
EDUCACIÓN: RETÓRICA Y PARRHESIA
Según algunos historiadores Marcus Fabius Quintiliano, fue el primer maestro que abrió una escuela pública pagada por el fisco en el siglo I D.C, en el esplendor del imperio romano. Escribió un libro, llamado institutio oratoria. Tal vez la importancia de dicho pensador para nuestros días es que podemos caracterizar dos actitudes que deben cultivarse en el niño, en el joven, para que pueda configurarse como un hombre capaz de acometer diversas empresas en su vida adulta. La actitud retórica es un arte enseñable, cuyo objetivo es aprender a utilizar el lenguaje en función del tema que se aborda, con el sentido de persuadir a otro de lo que uno cree, en un momento determinado. El desarrollo de tal arte posibilita dirigir asambleas, dirigir a un pueblo, dirigir una guerra. Hoy en día diríamos el arte de dirigir a una comunidad de sujetos. Más contemporáneamente diríamos posibilita hacerse líder. Obviamente, dicho arte no supone una valoración moral en sí misma. Se puede ser un buen retórico, porque se maneja el arte de la persuasión y conducir al otro a un infierno, puede persuadirlo a realizar empresas donde se anule como sujeto. De allí, que hay una segunda actitud complementaria que describe Quintiliano que debe ir a la par y en esto residiría el papel moral de la educación. Se trata de la actitud parresiástica. La pharresia es la actitud para habla claro, franco, transparente, con verdad. Ahora bien, el arte de decir la verdad se configura en la práctica y su estudio constante conducirá a comprender que el ejercicio de la verdad, está regulado por la virtud de la prudencia. Se trata de decir la verdad en el momento adecuado, en la circunstancia adecuada y se expresa sólo cuando el otro individuo se encuentre en la mejor posición para recibirla y su sentido es decirla, para que el otro pueda asumirla de la mejor manera. Se trata no sólo de decir la verdad, sino el estudio, el aprendizaje para decirla en la mejor situación posible. Ahora bien, decir la verdad, en la mejor situación que se perciba para decirla, no conduce necesariamente a una relación con ese otro plena y de dicha. Por el contrario, el sujeto que tiene la actitud parresiástica se juega su vida, sus relaciones, en la misma medida que expresa lo que entiende por verdad; aunque es un sujeto prudente, siempre está en riesgo. El ejercicio del hablar claro, no tiene la intención de persuadir al otro que haga lo que él considera como verdadero. Por el contrario, lo hace como fruto de la experiencia de estar conforme consigo mismo, porque considera que decir esa verdad, aún con los riesgos que implica, lo condeucen a poder dormir tranquilo, como decía Séneca. Siendo éste el sentido moral de la educación, ayudar al individuo a conocerse, a formarse a sí mismo, a cuidarse e inquietarse por sí mismo. Tener conciencia de sí, de lo que se es en el mismo momento que se está actuando, es el muro de contención, frente a cualquier discurso que intente persuadir al sujeto de realizar una acción contra sí mismo. Y, a su vez, es la condición para un ejercicio autónomo de la libertad.
Para ello el maestro, dice Quintiliano, debe procurar actuar frente al discípulo en el justo medio entre severidad y relajación, frente a los errores y fallas más que castigar, aconsejar y el mejor consejo es con ejemplos que el discípulo pueda verificar en la vida del maestro. Ser testimonio de lo que aconseja. El maestro debe responder las preguntas de sus discípulos teniendo como norte las dos actitudes sustanciales que desea hacer florecer en él. Es conveniente que le interrogue a los silenciosos, pero sobre todo, la interlocución debe tener el sentido de la conformación de las actitudes que debe experimentar cada día el discípulo. Por lo tanto, el tema se transforma en un asunto de segundo orden. Porque si florece la actitud retórica el discípulo sabrá utilizar el lenguaje de la manera adecuada para sustentar su mirada y la forma cómo abordará ese tema dependerá de la elección que haga de sí mismo.
Finalmente dice Quintiliano: “Es indudable que la lectura proporciona ejemplos a imitar, pero la palabra viva es un alimento más nutritivo, sobre todo cuando es la palabra de un maestro, por quien sus alumnos, si tienen buena formación, siente afecto y respeto.” (Quintiliano, IO, II,8)
jueves, 18 de octubre de 2012
FRAGMENTO: LA VIDA INACABADA
El tiempo había hecho de la suyas. Tres meses que no lo veía desde aquella conversación extraña. Lo encontró en un café. El sol era un pastel derretido. Las voces se balanceaban entre truenos, risas y silencios. El juego de futbol, transcurría. Estaba sentado como de costumbre, entre libros y algarabía. No se detuvo en preguntar ni siquiera cómo estaba. Para él los diálogos inconclusos eran una manera de permanecer, con independencia del tiempo y el espacio, conectado con los otros. Aborrecía, para decirlo de alguna manera, las conclusiones y las certezas. La única certeza, podría ser Dios y ese era un asunto insondable. De allí que ni siquiera detenía, por un segundo, su razón en él y, tal vez por eso, tenía una mirada a veces compasiva (y en muchas otra, con sorna) hacia los exégetas, letrados y filósofos de las religiones. Muchas veces lo escuché decir que los teólogos son, en su mayoría, hombres que la carestía de la contemplación la sustituían por la agudeza en la interpretación de textos. La experiencia de la incertidumbre la asumía, como la vivencia del caminar en el desierto hacia una tierra prometida. Solía decir con respecto a esa tierra prometida que no se sabía dónde estaba, cuán lejos quedaba ni cómo se llegaba, sin embargo, se asumía como un peregrino, porque lo prometido era un horizonte de sentido que se descubría no en la contemplación del futuro, sino en el recogimiento de la mirada, en el azar de lo inmediato. Creo que ello se debía a que en el interior de su ser encontraba la brújula para orientar sus pasos, a partir de los extravíos, confusiones y aciertos que obtenía en el transitar la vida desértica. Empezó hablar del futbol, del juego como teatro, de pronto, lo miró fijamente y le dijo: ¿Sabes? la concepción trágica de la vida no supone un estado depresivo, oscuro y tormentoso de la vida. Por el contrario, es la asunción de lo claroscuro, constitutivo, de la naturaleza humana. Es como el artista, trabaja obsesivamente en su obra, porque quiere presionar su mundo interior hacia los otros, quiere vaciarse, entregándose por completo a la exterioridad. Su lucha permanente es para encontrar su voz, su discurso, dar cuenta de aquello que quiere decir, a través de la pintura, la escultura, la pintura, la música o la poesía. Y cada obra después de realizada la siente y la percibe como un boceto inacabado de lo que deseaba y, por eso, indaga de nuevo, busca nuevas herramientas para expresarse, para presionar hacia el mundo su vida, su concepción del mundo. Es una carrera constante, trágica, porque nunca está satisfecho. Pero, la insatisfacción de lo que hace se transforma en el mejor combustible para intentarlo de nuevo, para hacerlo de nuevo, ahora con armas más poderosas fruto del aprendizaje obtenido, de los asuntos que no resolvió en el trabajo anterior. El artista siempre está en falta, aunque haya recorrido un largo trecho. Hacernos artistas de sí mismos, es la asunción de la existencia, como una obra de arte. Se trata de esculpirnos permanentemente. Siempre seremos bocetos de lo que queremos ser, en la misma medida que vamos siendo. Esas marcas, moldeadas con los cinceles de la vida, son huellas que trascienden. El artista trasciende, en su obra, la inmanencia, pero su obra nació, se configuró, a partir de su cotidianidad, de su inmanencia. Justamente, esa vocación obsesiva del artista es lo que propongo para hacernos como persona de manera inacabada. Esa vivencia termina con la muerte. Se levantó intempestivamente, agarró sus libros, sonrió y se despidió, en medio de un alboroto, por el triunfo del equipo.
miércoles, 17 de octubre de 2012
FRAGMENTO: Cuál huella o la vida en clave de Tal Vez…
- La proposición: La vida es un arte. Es una expresión hermosa pero no se adecúa a la tragedia que uno vive a diario. No entiendo cómo se puede asumir de esa manera. Más bien la vida es una tragedia.
- Dices bien. La vida es trágica. Muchos filósofos han reflexionado sobre el sentido trágico de la vida. El maestro Unamuno fue uno de ellos, también Nietzsche y, desde otro ámbito, Georg Simmel. La naturaleza trágica reside en los opuestos que conviven en nosotros desde el nacimiento, animales con espíritu. Cuando damos mayor alegría a nuestro alrededor, comunicamos menos nuestro sentir. Piensa en el bebé y su incapacidad para dar cuenta de él. Cuando tenemos más ilusiones, más utopías, más deseos de cambiar, de transformar el mundo, no tenemos el aparataje conceptual, ni la experiencia necesaria para hacerlo. Piensa en la adolescencia, su potencia vital y la falta de recursos teóricos y vivenciales para hacer algo de lo mucho que se desea. Cuando empezamos a comprender el tránsito del vivir y nos planteamos rutas posibles para hacerlo, la otredad nos exige desprendimiento para ayudar a otros a vivir. Piensa en la edad adulta y la conformación de la familia. Cuando empezamos a comprender los sentidos del amor y el horizonte de trascendencia, nos hace falta tiempo y fuerzas para vivir. Cuando se comprende a la madre, al padre, a los hermanos a plenitud, ellos no suelen existir. Piensa en la vejez y sus imposibilidades orgánicas.
- ¿Viste? Me das la razón. Cómo entender que eso es bello, hermoso.
- No te apures. No saques conclusiones rápidas. Nuestro sentido de trascendencia está mezclado, amalgamado, con nuestra inmanencia. La inmanencia es nuestro cable a tierra. Es lo que compartimos con todos los seres vivos, es la cotidianidad. Como seres halados por el espíritu queremos trascendernos a nosotros mismos, ello nos conduce a tratar de dejar nuestra huella en los otros. Las mamás lo dicen bien: “Hijo lo más valioso que te dejo, en herencia, es la formación”. Ese sentido se amplía y, entonces, la huella que se quiere dejar se hace en una organización, en un escrito, en una pintura, en una teoría, en una novela. El sentido de trascendencia es el testigo que se le entrega al otro, para que él viva su vida, pero mantenga como referencia dentro de sí, el testimonio de alguien que vivió de una determinada manera. Ahora bien, esa trascendencia, ese dejar la huella, es fruto de las vivencias, podríamos decir de la inmanencia.
- Me molestas cuando te pones tan filósofo.
- ¿Qué entiendes tú por eso?
- Bueno, que dices cosas incomprensibles o abordas los asuntos con un montón de palabras que uno se pierde en tan sólo comprender qué es lo que dices.
- Te refieres no al filósofo sino, tal vez, a una incapacidad mía. Lo que está mal dicho, enredado, está mal pensado, decía un viejo filósofo. El filósofo no es aquél que oscurece por el solo placer de hacerlo. Por el contrario, su virtud, su oficio, es el de articular ideas y conceptos para dar cuenta de las interrogaciones que le atormentan. Tal vez, el filósofo tiene más preguntas que respuestas. Sus reflexiones apuntan a colocar su olfato en esos asuntos obvios, pero que tal vez, si se piensan concentradamente, tal vez, no lo son. Y eso asusta mucho, porque uno queda como sin referentes, sin suelo… pero es un recorrido valioso para rehacer, para reconstruir. Ese arte de preguntar es otra de las manifestaciones del querer dejar huellas… Todos queremos dejar huellas y, aún sin pensar ese propósito, lo hacemos. Conocí a un joven que se sentía atormentado en la vida. Cuando jurungué en su interior, en el fondo, su tragedia era que no podía vivir la vida ni de sus padres ni de sus tíos, creyendo que vivía su propia vida. Ellos sin saber habían dejado una huella tan profunda, en ese muchacho, de cuál era la vida que valía la pena vivir… (hizo una pausa lenta y oscura) que el otro, el joven, sentía que una vida plena era reiterar la vida del otro, a su estilo y manera, pero reiterarla; su imposibilidad, lo atormentaba… Eso es más común de lo que te imaginas. Tal vez, si los referentes de ese joven, los padres y tíos, se percataran de la huella que dejaban entonces, tal vez, sólo tal vez, actuarían distinto, no lo dejarían todo al azar... Y, quizás, podían aliviarle un tanto el sufrimiento a ese joven.
- Pero te desviaste del tema… Entonces,
- Es hora de irme al trabajo, seguimos en otra oportunidad…
martes, 16 de octubre de 2012
LA VIDA: UN JUEGO, UN ARTE
La vida es como un juego de futbol. Tienes un horizonte, un sentido, un planteamiento de lo que quieres hacer para lograr lo que te propones. Ese plan nunca se lleva a cabo tal como se planifica. El plan nos da el sentido de cómo jugar. Aferrarse a él sin tomar en consideración las contingencias es absurdo. La destreza del jugador consiste en la creación de movimientos y jugadas, analizadas in situ, sin perder el sentido general de lo planteado. A veces, la adversidad, dada por la manera cómo juega el otro equipo, conduce a replantear toda la estrategia y aún así, en el fragor de los minutos, se mantiene, se varía o se construyen, las tácticas. La creatividad para atacar, defenderse o recrearse en el toque, mientras se estudia al contrario, es lo que configura la belleza del juego. Su belleza no está sólo en la finalidad. El gol es el punto final de una trama de decisiones, unas planificadas y otras contingentes.
El resultado puede ser el mismo para dos equipos, pero podemos discernir cuál de los dos hizo mejor juego. El mejor juego no sólo reside en la fuerza y la resistencia sino y, quizás sobre todo, en la creatividad que se percibe en la estrategia general, en las tácticas y en las acciones de cada jugador.
Asumir la vida como un juego, supone responsabilizarse por estudiar cómo actuar, cómo elaborar nuestros planteamientos generales, nuestra estrategia, pero con la certeza que la concentración no es forzar lo planificado e intentar llevarlo a cabo sin importar las contingencias, sino por el contrario, la concentración es para crear tácticas, movimientos, en cada circunstancia, dependiendo de lo que acontece sin perder el horizonte de sentido planteado. El horizonte de sentido de nuestro juego es la elección de lo que queremos ser, en la misma medida que lo hacemos. Precisamente, en ese jugar, en esa apuesta, se pone todo el ser en movimiento. Es razón, pasión, sudores y un olfato instintivo, para decidir. La estética es fisiológica. Al igual que en el juego de futbol, un juego vistoso, hermoso, bello, no necesariamente tiene un final feliz. Se puede perder, aún sabiendo que se jugó hermosamente bien, pero que imponderables condujeron a un resultado terrible. Dos pelotas que pegaron en los travesaños de la portería, un penalti, injustamente cantado por el árbitro, por ejemplo, pueden generar un revés, aún con un juego bellamente llevado. Sería un error para un director técnico de un equipo de fútbol, cambiar todas las estrategias y tácticas, por un resultado adverso. Implicaría que no piensa el juego en su conjunto. Igualmente en nuestras vidas. Los resultados no son el único criterio para mirarnos. Debemos mirarnos de conjunto y concentrarnos en el día a día, para crear nuevas jugadas, para atacar, para defendernos o para reposar.
El juego de futbol, así como la vida, se hace obra de arte, en la medida que se manifiestan acciones creativamente hermosas. Entendemos su hermosura porque causa placer el detenerse a contemplarlas. Es arte porque admiramos la jugada. Dirigimos la mirada hacia esa jugada, porque nos atrae, regocija todo nuestro cuerpo, sin una utilidad específica, sino la de contemplar con toda la pasión, con todos los órganos, con toda la razón geométrica. Solemos exclamar ¡Qué jugada tan bella!, aún cuando no conduzca al gol. Obviamente, una jugada bella que culmine en el gol, genera un estado orgiástico de clímax. Es la tribuna que se alza en un solo grito celebratorio.
El juego, la jugada, es un arte efímero para el espectador porque dura el tiempo en que se ejecuta la acción, pero para el jugador que está consciente de lo que hace en el momento de su hacer, se transforma esa creación en un acervo que podrá utilizar en cualquier otra circunstancia, es un arte que permanece en él y se maximiza con su ejercicio, con la reiteración.
Un jugador se hace en lo que hace. Lo que hace es una manifestación estética. Más aún, si el jugador hace lo que hace, dentro de los límites de las reglas, su juego cobra mayor fuerza, mayor atracción. Eso no significa que no transgreda las reglas. Su lógica no es transgredirlas, pero sabe que hay contingencias que intuitiva o calculadamente puede hacerlo, se atreve hacerlo, aún sabiendo de los castigos y las penalizaciones. Incluso en la transgresión se puede admirar la estética del jugador, pero no se aferra a la transgresión como modo de jugar, sino que lo concibe como un accidente dentro de su hacer. Precisamente, en esas decisiones es donde se cuece su carácter. La jugada es estética y el creador, el artista, las realiza desde una concepción del juego, una mirada, donde está atravesado por la lúdica y la ética. La vida es un juego que termina con la muerte.
jueves, 11 de octubre de 2012
LA BELLEZA DEL CUERPO
Llegó del mar, perturbado. No eran las grietas sangrantes de su rostro que le hacían padecer. Era la imagen de sí mismo. ¿Cuánto costaría una cirugía? ¿Cómo podían aceptarlo, si el mismo no se aceptaba? Él, desde el acontecimiento, maldijo el azar, por su horrible figura. El viejo quien había pasado años disfrutando y sufriendo la mar, lo miraba agridulcemente. Sé que no dejarás de afligirte hasta reconstruir tu rostro. Siguió hablando para sí mismo, o para ser justos, teatralizando un soliloquio, pero con la firme intención de ser un tábano para su nieto. Te interpretas feo. La fealdad se la achacas a la mar. A su azar. Está feo tu rostro, es verdad. No es como el de ayer. Tu rostro era distinto. Pero el mástil no es el culpable de tu desgracia. Tampoco la tempestad. Ni la violencia de las olas. Tu desgracia no es la fealdad que miras en tu rostro, sino la falta de belleza de tu cuerpo. Un cuerpo bello es lo más digno de ser admirado en él. Si le preguntamos a cualquier persona qué es lo más digno de ser admirado de su ser, difícilmente responderían el culo, el ojo o la boca, a menos que se asuma como un estricto objeto, un objeto artístico. Pero ni siquiera esas mujeres y hombres que se saben productos, objetos artísticos, objetos deseados, que saben perfectamente que su imagen está en la fantasía de miles de orgasmos, ni siquiera ellos, se atreverían a decir que lo más digno de admirar de su ser es su exquisita figura. Por sentido común saben que se les llamaría estúpidos, idiotas. Lo que se ve con agrado, lo que causa sorpresa y detenimiento para contemplar de mil maneras y formas, lo que genera un deseo irresistible de estar y acompañar a otro cuerpo, por largos períodos, es el actuar de ese cuerpo. La quietud para contemplar la adversidad y con prudencia intervenir con todo su poder, la soltura para dejarse llevar y la firmeza para resistir a lo dado, la sonrisa como expresión dulcísima de paz, la mirada comprensiva de las fallas del otro, la mano suavísima para educar. Un bello cuerpo se hace lentamente. Un cuerpo bello no se deteriora con el pasar de los años, sino por el contrario, es como el vino, lo añejado es su virtud. Movió su silla de rueda, lentísimamente firme, y se acercó. Le dio un beso, en su rostro ensangrentado.
viernes, 5 de octubre de 2012
POLÍTICA, FACEBOOK Y VIDA INTERIOR
Durante gran parte de mi vida, he tenido un activismo político. En distintos órdenes y en diversas dimensiones. En los últimos cinco meses de mi vida, no había escrito nada en el orden de la política pública, me había concentrando en mí mismo, para revisarme, pensarme.
Me tomé en serio la actividad de colocarme como objeto de estudio, para conocerme y cuidarme. De esa manera, consideré que podía ayudar más a mi familia en las convulsiones y tormentas que habíamos tenido durante el año. El sufrimiento familiar, por la violencia política ejercida contra nosotros y el desajuste laboral, se convirtió en un extraordinario seminario teórico práctico para renovarnos como familia.
Desde hacía diez años de forma más o menos sistemática, un grupo de amigos filósofos estábamos repensando nuestro quehacer (algunos tienen más tiempo en esa ruta), así dimos fruto al Grupo Internacional de Investigación en Prácticas Filosóficas EPIMELEIA (http://www.ub.edu/practicafilosofica/epimeleia/miembros.html), amigos como el Dr. Ruperto Arrocha, tienen páginas en Facebook como Filosofía Clínica o la Dra. Rayda Guzmán, tienen blog como Consultorio Filosófico… Ese acervo de investigación filosófica y de diálogo en diversos congresos fue el soporte, el colchón, para repensarme en este último año, para afrontar la adversidad. El fruto de esa experiencia de revisión práctica y teórica de mi existencia, a la luz de tradiciones teóricas que se cruzan entre la filosofía, la psicología y la religión, han sido mis últimos escritos y el blog “Filosofía de la Actitud”. La excepción fue el artículo de ayer “Esfuerzo chavista y tristeza en sus seguidores”, publicado en mi perfil de facebook, donde vuelvo a manifestar mi mirada política del cierre de campaña.
Más allá de los amigos que piensen distinto o de aquéllos que les parezcan muy acertadas mi opinión política, quisiera compartir con todos una vivencia, en pleno desarrollo, y brindar una reflexión desde la Filosofía de la Actitud. El día de ayer, 4 de octubre, ha sido el día de más movimiento, desde hace mes y medio, de mis escritos en facebook. Pasión, argumentos y opiniones, a favor y en contra, se han colocado. Es lógico, nos preocupa de distintas maneras y forma la Vida del País.
Hoy me levanté pensando que si la pasión política constitutiva de nosotros como seres humanos, tuviera la misma intensidad que la pasión por la vida familiar, la misma pasión por abordar la vida de uno mismo como ámbito de reflexión, de análisis, si discutiéramos en el tribunal interior las formas y manera de gobernarnos, de cómo salir de esas crisis cotidianas que nos acontecen, si pudiéramos hacer un registro de las múltiples enseñanzas de nuestros ancianos, mirando sus aciertos y sus errores, si el pensar estuviera atento del quehacer diario, tal vez, las industrias de fármacos antidepresivos, de ansiolíticos, disminuyeran su producción. Tal vez, tuviéramos otras maneras de relacionarnos, otras maneras de debatir sobre el bien común, otras políticas de la amistad. No hay que temerle a las pasiones. A veces, lo que le falta a nuestra vida diaria es pasión. A veces, la represión de las pasiones en los asuntos vitales de la existencia, conducen al desborde de pasiones en lo exterior. Se desborda el exterior por la incapacidad de controlar pasionalmente el mundo interior.
La política es un asunto importante, sustancial, en la convivencia. Pero ella no es un ente abstracto. Se configura por unos sujetos. La filosofía de la Actitud tiene por finalidad pensar en la configuración de esas personas. ¿Cómo nos hacemos a nosotros mismos? ¿Cómo construir una política de nuestro ser? ¿Cómo tomamos decisiones diarias? ¿Cómo habitamos el país de nuestro mundo interior? ¿Cómo nos gobernamos a nosotros mismos?... En nuestro mundo interior, en nuestro país interior, también habitan marchas y contra marchas, hay territorios inhóspitos, fracturas, luchas, confrontaciones… ¿Cuánto tiempo somos capaces de dedicarle a ese territorio?.... No hay una respuesta desde el Deber Ser… Cada quién debe mirarse al espejo… A la racionalidad científica del Occidente Moderno, le parece esto resabio medieval, una especulación para religiosos o pérdida de tiempo, mientras consumen sacos de fármacos, drogas o viven entre familias destrozadas.
¿Mi mayor pasión? ¿Por quién lloro, sufro o me alegro? ¿Por quién me entrego?... Mi mayor pasión está puesta en la política de mi interior, en la política familiar, en la política de la amistad… Allí entrego todo mi saber… Desde allí, también con pasión, miro y participo en la política del país. Con una escala clarísima de mis prioridades. Ese es el Jonatan Alzuru del aquí y el ahora.
martes, 2 de octubre de 2012
LA ABUELA, SU ACTITUD
El repicar de sus tacones hizo compás con el estruendo de la puerta. Hacía calor. Ella la intuyó en la distancia. La vio nacer. La tuvo en sus brazos. La respiración agitada y su paso acelerado, eran manifestaciones muy limpias de su cólera. Al verla, se le lanzó a los brazos sumergida en llanto. Me siento mal abuelita. El nombre de la Fundación quedó por el piso y tanto esfuerzo que hemos hecho. Yo lo dije, pero su directora… No pudo seguir hablando, se desbordó su tristeza confundida con dolor, amargura y rabia. Una maraña de sentimientos ocupaba su alma. Eran años de esfuerzo que veía cómo se derrumbaban en un par de reuniones. No es por mí abuelita, es… No sigas hijita. Llora tu rabia. ¿Sabes? Estas llorando por ti. La voz melodiosa de la anciana, se abría como una inmensa biblioteca de algodones y rosas, cabillas y esmeraldas, era un viento de ríos y mares de antaño. Era la vida quien hablaba. Casi en susurro, mientras la apretaba contra su pecho, le dijo: Te has entregado a ese oficio con pasión, ilusión e inteligencia. Sientes que has dado lo mejor de tu vida. Y, en poco segundos, todo se derrumba como un castillo de naipes. Tienes múltiples dolores. La rabia, esa cólera, la impotencia son fruto de tus interpretaciones. A veces hacemos las cosas, pensando que estamos dando lo mejor de sí y nos molestamos cuando no se nos reconoce. Tu rabia no es por la Fundación, sino por tu nombre. Por eso estas dolida. Si te hubiesen reconocido, piensas tú, habrían tomado en cuenta tus recomendaciones y nada saldría mal. La mirada más importante no es la del otro sino la tuya. Si actuaste bien, por qué la rabia, el dolor, lo que sucede no es tu responsabilidad. ¿Por qué sufres?... En el fondo hija mía, tu sufrimiento es el deseo de controlar el cauce del mar. Pero resulta que el mar no tiene cauce. Se levanta en olas, crece, danza en remolinos y retrocede. El mar no está en paz ni en guerra, sino tu interior. No busques discípulos que cumplan tu palabra. Sé discípula de tu propia voz. Cada quien asume su propia vida. No cargues con la vida de otros cuando ni siquiera sabes cargar con la tuya. Los otros no tienen por qué asumir lo que tú asumes. Para ellos la fundación es un oficio más, no una apuesta de vida. Tú deseas que todos los de la Fundación asuman su oficio como una familia. Cada quien tiene sus familias. Amada hija, mi nene, todos los oficios son iguales. El asunto es tu actitud. Reconocerte es mirarte en el espejo cada noche y sentarte en tu tribunal interior, sin esperar el reconocimiento del otro y mucho menos esperar que el otro, porque te valora deba actuar como tú piensas. Nadie sabe los misterios y los infiernos que hacen que el otro actúe de una manera determinada. A veces ni siquiera sabemos por qué y cómo actuamos nosotros mismos, ¿Te imaginas, solicitarle, a los demás, coherencia y rectitud? Si asumes tus contradicciones, tus vacíos, tus acciones no pensadas que desdicen de tus palabras, entonces, serás más afable para comprender a los otros… Un héroe deja de serlo, cuando nadie lo tiene como tal. Pero, y esto es lo clave, la heroicidad está en hacer lo mismo, soportando el silencio de miradas, sin llenarse de tristeza, y viendo el transcurrir del mundo. El hombre menos reconocido fue Jesús de Nazareth, es un antihéroe. El silencio se apropió de los cuerpos. Su cuerpo se resistía. Un videoclip, de su mundo, bombardeaba el resquicio de paz que necesitaba. Le secó las lágrimas con el delantal y con el canto del oriente, le dijo: ¿Me ayudas hacer las empanadas?
viernes, 28 de septiembre de 2012
CRISIS Y ACTITUD
En la vida, a veces por contingencias exteriores que no dependen de uno o por acciones que realizamos sin saber por qué las hacemos, por decisiones equivocadas, entramos en situaciones complejas donde se genera una tribulación en nuestro ser. Ese acontecimiento o situaciones conducen a lo que solemos llamar crisis. La crisis es una tormenta, un tsunami, en nuestro ser. Fractura de relaciones, fracturas laborales, fracturas en la familia o encrucijadas donde cuesta discernir cuál es el camino que pensamos nos puede conducir a un mínimo estado de bienestar. Es un momento donde sentimos que el mundo se nos viene encima. Una crisis es cuando nos colocamos como objeto de nuestro pensamiento y nos preguntamos cuál es el sentido de nuestra existencia. Hacia dónde quiero ir, cuáles son mis deseos, qué hago con mi pasión, cuál es mi horizonte de sentido de mis acciones. Lo común es que nos asalte el deseo de no pasar por esos acontecimientos. El deseo de estar como en el vientre materno, donde otra persona cuida de nosotros y nos conduce permanentemente. Donde no tenemos responsabilidad de nosotros mismos. Sin embargo, esa ficción, la vuelta al seno de la madre, se confunde con el deseo de morir. Justamente, porque es el estado que no sabemos de sí, es un estado donde ya no hay tribulación puesto que dejamos de existir. La vida es ese fragmento de puente entre el vientre y la tumba. Y es vida, justamente, porque es un río que no podemos controlar, pero sí hacernos cargo de nosotros mismos, para vivenciarlo, experimentarlo. Unas veces, podremos tener momentos placenteros porque las aguas están en calma y en otros vivimos los rápidos, los remolinos y las crecidas del río que nos generan angustia porque se pone en juego nuestra existencia, a esos momentos le llamamos crisis. Las crisis son extraordinarios momentos para aprender, para adquirir pericia. Un hombre de mar, un buen marino, se hace al vivenciar múltiples y diversas dificultades en la mar, las supera y está pendiente para asir en su ser, cómo hizo para superar esas situaciones. Las crisis son un regalo de la vida para hacernos. El asunto esencial es la actitud. La actitud del aprendiz de marinero sería la metáfora que describe la sensibilidad para abordar nuestras crisis.
viernes, 14 de septiembre de 2012
HOMBRES DE MAR
Estaba desesperado al igual que sus dos compañeros. Era el séptimo día sin comida, les quedaba un litro de agua y la balsa crujía sórdidamente en el batir de las olas. Habían logrado avanzar doce kilómetros, aproximadamente. No se veía la tierra firme ni el archipiélago. Él decidió regresar. Le quedaban, según sus cálculos, ocho veces la distancia recorrida para salvarse. Ellos ya no querían escuchar. Seguir adelante a todo riesgo, parecía la consigna que murmuraban en su interior. De pronto, en el firmamento, apareció un hilo de tierra. Los maderos empezaron una danza solitaria. Llovía. Pedro se lanzó en un arrebato desesperado a nadar descontroladamente. No había recorrido doscientos metros cuando su cuerpo le falló. No vayas le dijo, no tiene sentido. Morirán los dos. No tienes fuerzas ni preparación para salvarlo, -tragó la saliva oxidada como un veneno de cuentos infantiles- Las olas se crispan en las tardes y la tormenta incrementa. Su voz acicalada de metal resonó en acritud. ¡Maldito! ¿Cómo puedes hablar con tanta tranquilidad cuando tu hermano está a punto de morir? ¿No tienes conciencia? ¿Acaso no te duele? Hizo un silencio de vinagre gris, mientras el sabor agrio de la existencia se le acurrucó en los dedos del alma. Aguantó las dos cachetadas de su amigo y el empujón, estoicamente. Se quedó observando cómo se ahogaba, el hijo de su madre, su compañero de aventuras, el querido en las alegrías y tristezas, recordó el poema de César Vallejo… “Hay golpes en la vida tan fuertes…” Con una lágrima que se columpiaba en su estricto y rígido dolor, le dijo, el viento está a nuestro favor, volvamos ahora, todavía la balsa suspira, luego será tarde. Mañana lo intentaremos… de nuevo.
viernes, 7 de septiembre de 2012
LA ACTITUD DE ARMANDO ROJAS GUARDIA
Armando Rojas Guardia es un poeta y ensayista venezolano. Pero sobre todo es un filósofo en el sentido que desde muy joven se ha planteado interrogantes sobre su propia vida que lo han conducido a indagar, obsesivamente, en tradiciones filosóficas, religiosas, psicológicas para explicarse a sí mismo. Ha perseguido sus fantasmas, los ha enfrentado y en esa misma medida, ha desarrollado una obra poética y ensayística importante no sólo desde la perspectiva del ejercicio intelectual y artístico, sino, y quizás sobre todo, como un referente espiritual de alguien que ha enfrentado los verdaderos demonios en su vida cotidiana. Se ha configurado a sí mismo como un ser que ha logrado vivir, aún en medio de fuertes tribulaciones, una vida más serena. Batallando, permanentemente, con su mundo interior. Es un filósofo de la actitud, no tanto por sus conocimientos teóricos, sino por sus saberes prácticos que inundan de diversas maneras, formas, y estilo su obra.
Me he alimentado de sus libros, pero sobre todo de los diálogos que he sostenido a propósito de su obra, sus miradas del mundo. La obra de Armando Rojas Guardia será un referente importante en las reflexiones que iré desarrollando en este blog.
Su formación inicial fue con los jesuitas, tuvo una vivencia espiritual, poética y política junto a Ernesto Cardenal en Solantiname y sufrió su primera hospitalización psiquiátrica tras la muerte de madre. En su libro Crónica de la Memoria (1999), una autobiografía escrita en segunda persona del singular, dice lo siguiente:
“Tu primera hospitalización tuvo lugar poco después de la muerte de tu madre, la cual fue un verdadero catalizador de ese inicial brote psicótico que te aguardaba desde hacía años (…) la angustia se transformó en pánico y la paranoia larvada se agigantó en verdadero delirio, bajo la forma totalizadora de una depresión nerviosa para la que no había consuelo. Cuando acudiste por primera vez a un psiquiatra, recomendado por algunos amigos, ya era tarde: sólo los fármacos podían ayudarte (…) estando hospitalizado entraste en relación con un terapeuta jungniano. Todos los días iba a visitarte, durante tres cuarto de hora, y las conversaciones con él confirmaron tu apreciación de que aquella enfermedad podía ser iluminada por la pluma de un Dante: era un viaje, a través del infierno y el purgatorio, hacia el Paraíso consciente alcanzado después de haber recorrido íntegramente el espacio austero de la depresión. Para aquel terapeuta, no se trataba de intentar salir con ímpetu compulsivo del estado depresivo, sino por el contrario de sumergirse voluntariamente en él, lo cual proporciona a la psique una bienhechora lentitud, un ritmo parecido a lo que en música se denomina largo, cadencia aleccionadora que el mito de la velocidad roba a las posibilidades mentales del hombre contemporáneo. En la liturgia del alma, la depresión conformaba un tempo específico, donde la paciencia se volvía atanor alquímico de la maduración espiritual.(…) Las charlas con tu terapeuta, que por iniciativa suya se efectuaban durante largos paseos por las calles adyacentes a la clínica, te convencían más y más de que todo psiquiatra o psicólogo debe ser, ante todo, un maestro espiritual (…) A pesar de un período de frecuentes recaidas, las cuales ameritaban nuevas estadías en lugares de reclusión, él te enseñó encarar esas explosiones psicóticas como las exclamaciones insoslayables de tu interioridad (…) Las crisis se han ido espaciando notablemente en tu madurez, y sólo de vez en cuando te advienen los síntomas de una enfermedad que conoces ya muy bien, distinguiendo de lejos sus anuncios, sus preludios. Para decir que la conoces muy bien señala que ella, y sus consecuencias sociales, te han mostrado otra manera de ser modesto…” (Rojas Guardia, 1999/2006: 386-391)
La actitud de Rojas Guardia, ese hacerse en el crisol de su propia enfermedad es por el oído que le ha puesto a su propio ser. Al cuidado de ese prójimo, el más cercano que tenemos, nosotros mismos. Una atención integral al cuerpo es su vivencia. Lo dice de alguna manera en su primer libro de ensayos, El Dios de la Intemperie:
“Ser leal al cuerpo es, también, aceptar totalmente su precariedad, sus cansancios, sus hastíos, esa tristeza que le empapa a veces, como una oleada amarga que sube hasta la boca, su torpeza –que a veces desemboca en una gracia compacta y plena-, su avidez –que es lo suficientemente sabia como para advertir, igualmente, la voluptuosidad de la desnudez y el despojamiento-, su horror a la muerte, su búsqueda de la verdad escueta del mundo, a la que pertenece íntegramente a través de la heterodoxia del deseo y de los imprevisibles caminos del instinto. Ser fiel al cuerpo es amar todo eso, pactar con todo eso.” (Rojas Guardia, 1985/2006: 64)
miércoles, 5 de septiembre de 2012
LA COMUNICACIÓN: ¿UN ASUNTO FÁCIL?
Los libros elementales que abordan el asunto de la comunicación la simplifican en emisor, receptor y mensaje, casi expresan esa vivencia como si se tratara de máquinas cargadas de certezas. Por el contrario, todos tenemos la experiencia de lo que cuesta comunicar nuestros deseos, nuestras ilusiones, nuestros temores, sentimientos, miedos, el cómo queremos que nos trate esa persona que amamos y también todos, en algún momento, experimentamos la incapacidad de expresar lo que queremos decir, sobre todo cuando tenemos discusiones, desde las más elementales hasta las que consideramos decisivas en nuestras vidas. Frases que reiteramos: “¿Qué quieres que te diga?”, “¿Acaso no te lo he dicho de infinitas maneras?”, “Es que tú no me entiendes”, “¿Por qué piensas eso de mí, si yo jamás dije eso?”, “No entiendo lo que quieres, hago una cosa porque creo que es lo que quieres y te molestas”, “¿Cómo quieres que te diga lo que te he dicho mil veces y tu pareces que no entiendes?”… Y así infinidades de expresiones que usamos en nuestra vida diaria dan cuenta que no es un asunto para tratarlo como una suma o un logaritmo, que cualquier persona que sepa o tenga conocimiento sabe no sólo qué se le pregunta sino cómo debe responder. La comunicación no es un asunto matemático aunque la lógica juegue un papel importante.
Nacemos y nos enfrentamos a la primera tormenta de la vida, comunicar a los otros nuestro sentir y su imposibilidad de hacerlo. El bebé, mientras todos están literalmente felices por su nacimiento, sufre el primer tormento de estar arrojado al mundo. La imposibilidad de comunicar de diversas maneras y de una forma apropiada qué le sucede. Todos sus sentires son expresados de una misma forma, un llanto. La habilidad de los padres es ir descubriendo, por ensayo y error, las necesidades del bebé para satisfacerlas. Es un aprendizaje complejo para toda madre y todo padre. Aún cuando haya tenido varios hijos, cada uno se presenta como un regalo lleno de sorpresas que no se sabe bien cómo entrarle. De allí la angustia natural de las madres y los padres. A veces pasamos horas viendo al bebé recién nacido para ver si está durmiendo o respirando bien o si tiene alguna incomodidad. El objetivo de los padres es que ese bebé sufra esos avatares cotidianos y diarios de la mejor manera posible y de ser posible que nunca lo sufra. Expectativa ésta que jamás podría cumplirse porque implicaría que la madre o el padre tienen una conexión tan extraordinaria que siempre saben con exactitud cuál es esa necesidad. Debemos ser realistas, la incomunicación y la lucha por aminorarla, esa fractura, es constitutiva de la experiencia humana.
Recién estamos aprendiendo hablar y a comunicarnos con los otros, entramos al sistema educativo. Un sistema que poco se ocupa de ejercitarnos en ese arte de expresar nuestras miradas. Por el contrario, el ejercicio permanente desde preescolar hasta la universidad, es ejercitarnos en responder asuntos, cuestiones, desde la mirada de los otros. Recuerde lo que pensaba cuando le mandaban un trabajo o presentaba un examen en la escuela, en el bachillerato o en la universidad: ¿Qué querrá el profesor que yo haga? ¿Qué debo contestar y cómo, para que él sepa que yo sé?... Nos habituamos no tanto a dar cuenta de nosotros, qué queremos decir, sino a pensar qué es lo que el otro quiere que yo diga, qué es lo qué debería decirle al otro… Nos hacemos unos artistas interpretando al otro y desde el análisis que hacemos de lo que creemos que el otro quiere o debe escuchar, entonces, nos planteamos qué decir… El sistema educativo nos entrena para no expresarnos. Por el contrario, nos habitúa no sólo a que respondamos desde la mirada del otro, sino que lo hagamos de una forma específica. No tenemos entrenamiento dentro del sistema educativo para expresar de distintas formas, maneras y recursos nuestras percepciones del mundo y de aquello que conocemos. En muchos colegios se preocupan enormemente los maestros que sus alumnos tengan una letra bonita y no cometan errores ortográficos y jamás se plantean el sentido de la escritura para el niño en su formación como persona. Lo dan por un supuesto. Después de dieciséis o más años dentro de ese sistema de aprendizajes, nos impresionamos porque no sabemos comunicarnos. Coloco de manera marcada lo del sistema educativo, porque en casa, en este mundo moderno, nosotros como padres, no nos ocupamos de ese ámbito esencial en la vida de una persona, de nuestros hijos. Nos hacemos más bien muletas del sistema educativo.
La filosofía es una herramienta que nos ayuda a pensar con claridad nuestros propios parlamentos. Conocer qué conceptos usamos y cómo los usamos. Ayuda a pulir nuestras maneras de hablar, de pensar, pero sobre todo, de analizar lo que nosotros decimos y cómo lo expresamos. La filosofía es una herramienta para clarificar la opacidad de nuestros lenguajes. Conocerse es irse clarificando, permanentemente, qué quiero decir cuando digo tal o cual cosa y solicitar amablemente que el otro clarifique, “no entendí que quieres decir, no comprendí el sentido de lo que me dices, me lo podrías explicar de otra manera”. Ese es el ejercicio más básico. Para ello, en principio, no podemos partir de la idea que los otros pueden comprender lo que digo de manera exacta o que yo comprendo a las primeras aquello que me comunican. Por el contrario, el ejercicio, es contrario. Partir del supuesto que yo no sé expresar de manera adecuada aquello que quiero decir y tampoco sé interpretar bien, lo que me dicen los otros. Clarificarse cada día es intentar expresar lo que se quiere decir con distintos recursos, canciones, poemas, metáforas, cuentos, anécdotas, pinturas, poemas, argumentos racionales. La clarificación fundamental está en uno. En cómo utilizo las palabras, en qué sentido las utilizo, con qué finalidad. Comunicarse es una vivencia consciente del arte de la expresión. Expresión significa presionar hacia el exterior, lo que está en nuestro mundo interior. Debemos educarnos en un ámbito donde la sociedad actual no nos entrena y, paradójicamente, es la práctica más habitual para convivir con el otro, nuestro lenguaje. La falta de entrenamiento es la fuente de muchísimos problemas cotidianos que se evitarían si nos proponemos conscientemente a educarnos. Tenemos que hacernos maestros de nosotros mismos. Unos padres que asuman el reto de educarse, tendrán una mejor pericia para educar y entrar a sus hijos en ese arte de vivir. Ese es uno de los retos fundamentales de una filosofía de la actitud.
martes, 4 de septiembre de 2012
SE LLAMABA PEDRO LEGARIA
Hace un par de años, siendo director del Centro de Investigaciones Postdoctorales, se me acercó un grupo de religiosas para solicitar ayuda de nuestros investigadores. Ellas deseaban que les ayudásemos a coordinar un proyecto educativo donde interactuaran diversos colegios, dirigidos por su comunidad, desarrollando proyectos de aula, proyectos sociales con la comunidad donde estaban insertos los colegios, querían inundar su propuesta con el espíritu del fundador llamado Pedro Legaria. El Centro asumió el reto y colaboramos durante año y medio en esa tarea.
Esa labor significó que me acercara al mundo religioso. Aunque en mi juventud me bañaba en esos ríos, hacía mucho tiempo que no los navegaba. La mirada que tenía del mundo religioso la grafiqué en un par de ensayo que luego publiqué en un libro. Un mundo que te hace olvidar del mundo. En términos hegeliano-marxista, lo veía como una experiencia que enajena. Una vivencia que no te ayuda a conocerte. Sin embargo, al asumir el reto institucional, me dediqué a leer afablemente las cartas del fundador que me condujeron a revisar diversas fuentes teológicas como Santo Tomás, San Agustín, San Anselmo y, por último, San Ignacio.
Ya tenía varios años estudiando a pensadores grecorromanos, Séneca, Cicerón, Marco Aurelio, Plotino. El asunto de la inquietud, cuidado y conocimiento de sí se había transformado en la columna vertebral de mis estudios, bajo la luz de Michel Foucault y Pierre Hadot. Me sorprendía la similitud de las cartas del fundador con las cartas de los pensadores antiguos. Ese fue mi enganche para leer afablemente. Había, en las cartas, expresiones, términos y vocablos que literalmente no soportaban mis oídos. Precisamente a ellos les dediqué más atención para intentar encontrarle el sentido que el sacerdote les daba. Él fundó una orden religiosa que su sólo nombre puede espantar a cualquier moderno. Las Esclavas de Cristo Rey. La palabra esclava la sentía como una patada a la noción de autonomía, a la soberanía de sí mismo, al gobierno de sí. Era la expresión de la anulación absoluta de la voluntad… Incluso algunos teólogos se han dedicado argumentar desde esa perspectiva. Eso me parecía insoportable. Pero he intentado en estos últimos años seguir el consejo de un brillante filósofo, Hans George Gadamer, hay que leer con afabilidad. Saber leer es tener la oreja para intentar comprender qué me quiere decir el otro, antes de colocarse en el ring para contrargumentar.
El sentido que Don Pedro Legaria le da a la expresión nos arroja directamente a la intemperie de nuestra existencia, a la desnudez de nuestro cuerpo, es una invitación hacerse cargo de sí. Esa invitación, esa convocatoria, pudieran acudir cristianos, ateos, musulmanes, judíos, agnósticos… la sencillez de la interpretación no da cuenta del terremoto existencial que provoca en quien piensa, reflexiona y actúa en consecuencia.
Asumirse esclavo de dios, es saber que uno no es el amo de Dios. En el día a día, sin querer y sin saber, los cristianos, nos solemos comportar como amos de Dios, las expresiones que usamos: “Dios mío que todo salga bien”, “Dios, por favor, cúrame a la muchacha”, “Esto se resolverá si Dios quiere”, “Te pido para que haya paz en el mundo” “Dios mío que no llueva”. La práctica oratoria es una solicitud a Dios para que él haga lo que nosotros deseamos y queremos, en términos prácticos que haga nuestra voluntad y, en muchos casos, caso que él asuma la responsabilidad por lo que acontece.
El esclavo es aquél que no anda pidiendo que pase la tormenta, pidiendo milagros para transformar el acontecer, sino que se prepara, se ejercita, se hace cargo de sí, para enfrentar la tormenta. Su heroicidad es hacer de lo contingente, lo ordinario, una aventura sublime. Desde la fe asume la vida como un desierto donde no hay un camino claro y recto, sino es una experiencia de incertidumbre. Su caminar, su andar, es abriendo sus propios senderos, haciéndose responsable de su vida.
El verdadero milagro es el hacerse un oasis, en medio de la sequedad del existir. Es incluso saber que de pronto, en la noche oscura, podemos gritar, “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” y del cielo no se oirá ninguna voz, esa vivencia de la fragilidad del existir y de su aprendizaje, es la aventura de hacerse hombre. Es la enseñanza más importante de Jesús. Descubrir el dios que habita en cada uno de nosotros.
domingo, 2 de septiembre de 2012
CONOCIMIENTO Y GOBIERNO DE SÍ ES UN EJERCICIO
El joven acompañó a su padre al estadio olímpico, era la final de las competencias de atletismo. Escogieron los mejores puestos para tener una vista panorámica de las competencias. Disfrutaron y comentaron todas y cada una de las pruebas. Al salir se sentaron en un restaurant cercano, compartiendo un café el padre inauguró la conversación que deseaba desde hacía mucho tiempo, para intentar insinuarle a su hijo de qué trataba el conocimiento y el gobierno de sí mismo.
- ¿Viste lo que le sucedió al ídolo de los saltos sin garrocha?
- ¡Qué horrible! No pudo pasar el listón. Lo tumbó las tres veces que intentó. No lo entiendo. Él tenía el record olímpico y ni siquiera saltó a su altura promedio.
- En cambio, aquél que ninguno pensaba que podía lo logró. Nunca había saltado esa altura, siempre unos centímetros menos.
- Papá, ¿cómo lo explicas?...
- Eso pasa no sólo en el deporte sino en la vida cotidiana… Debe entrenarse, pero ningún entrenamiento es suficiente para enfrentar las contingencias. Estar entrenados es una condición necesaria para enfrentar situaciones, pero no es suficiente, siempre hay probabilidad de fallar. Pero la falla, el fallar en el momento decisivo, no es un mal de morir. La falla puede transformarse en una fuente de sabiduría. Un buen deportista aprende más de sus fallas que de sus logros. Porque los logros los obtiene a partir de un estudio riguroso de sus fallas. Ese deportista que se sentía seguro que podía saltar, descubrió algo que ese esencial en la condición humana, que somos falibles. Hoy, al ver el video, él sabe por qué no lo logró, en qué técnica falló, en qué debe ejercitarse más… Seguramente se sentirá frustrado, deprimido, se sentirá como en una noche donde no hay luna. Sin embargo, él sabe que si desea seguir en las pistas, seguir compitiendo, debe utilizar su noche como una fuente de saber, como un libro para aprender de sí mismo. Junto a su entrenador se dedica a verse. Se adentra en su error. No huye de él. Se mira una y otra vez. Sabe que ya pasó ese momento y perdió y no volverá suceder, sin embargo, él sabe que vendrán nuevas pruebas. No mira su falla para quedarse en el pasado y llorar por lo que pudo hacer y no hizo. Se queda detenido en la falla, la estudia lenta y pausadamente, sin prisa, para decidir en su presente, cómo superar eso, cómo saltar más alto.
Es decir, a partir del análisis de su acción errada, él tomará nuevas decisiones, hará un discernimiento sobre su propia vida… Se levantará más temprano, tal vez repetirá un tipo de ejercicios, forzará su cuerpo de una manera específica. El conocimiento de lo que sabe hacer, de lo que no pudo hacer y de lo que él desea hacer, lo conducen a tomar decisiones, a decidir, a gobernarse. El sabe que se está gobernando cuando de manera consciente realiza unas acciones que conduce a modificar unas prácticas, a maximizar otras y eliminar rutinas de su vida con la finalidad de alcanzar su objetivo.
Es interesante aprender lo que saben lo deportista y aplicarlo a los problemas que cada día afrontamos.
Fíjate todos los deportistas se entrenan para el día de la competencia. Hacen unos ejercicios específicos, cada ejercicio lo hacen de manera reiterada. Cada repetición es estudiada, cuánto esfuerzo utiliza para hacerlo, cuál es su resistencia, cómo hacerlo de la misma manera pero haciendo menos esfuerzo, por qué logra hacer un tipo de ejercicios y no otros, por qué no es capaz de lograr ciertas marcas, cómo alimentarse de una manera específica de tal forma que incremente su fuerzas, su resistencia… Tener concentración en sus ejercicios es ir acumulando esos saberes… Saberes que son de distintos órdenes unos saberes son técnicos, científicos, por ejemplo la relación entre alimentación y energía, otros son fruto de una combinación de ciencia y experiencia, por ejemplo, las técnicas de cómo saltar son combinaciones de estudiar a personas que saltaron bien, con estudios de las ciencias físicas. Esos saberes los aprende el deportista en la medida que se dedique a estudiar lo que hace, lo que ejercita. Pero hay otro saber que depende exclusivamente de él. El conocimiento de su cuerpo, de lo que es capaz de hacer. En la medida que ejercita, el deportista sabe, si puede esforzarse más o no, qué ejercicio le ayuda a mejorar su técnica. Al ir informándose de técnicas de cómo hacer los ejercicios, que son saberes sistematizados, fruto de la experiencia de otros deportistas, él inicia un gobierno de sí, él decide regular su manera de correr, su manera de saltar. La información es un elemento que él utiliza para decidir sobre su régimen alimenticio, sobre su rutina diaria… Mientras más concentrado está en su deporte, su vida la va transformando, toma decisiones muy concretas, a qué hora se acuesta, a qué hora se levanta, cuándo ir a fiesta y cuándo no. Él decide, tiene la voluntad de decidir, asumir los consejos de sus entrenadores. Él sabe que mientras más rígido sea consigo mismo, tendrá una mejor preparación para enfrentar las competencias.
- Pero el que lo hizo, también conocía su cuerpo y sabía que no era capaz según el registro que antes había realizado, sin embargo lo logró.
- Precisamente, allí hay otro componente importante, la capacidad riesgo. La prudencia es saber que no se puede enfrentar un reto porque no se tiene el entrenamiento necesario, pero también, te da un margen para saber que hay reto novedoso, que es posible que no lo logres, pero no te quedas paralizado, sino te atreves, eres valiente. La valentía supone una capacidad calculada de los riesgos. Sabes que no todo lo podrás controlar, sabes, incluso que puedes fallar, sin embargo haces todo el esfuerzo, maximizas todo de lo que es capaz tu cuerpo y enfrentas el reto. Ese deportista no actúa por temeridad, no es una acción irracional, sino que tiene una práctica y en el momento de incertidumbre valora lo ejercitado y se enfrenta.
- ¿Papi las fallas deportivas se referían a lo que en la vida llamamos depresión, angustias…? ¿Esa era el sentido de lo que me querías decir?
- Sí. A veces como padres, como hijos, como hermanos, como amigos, tomamos decisiones o decimos algunas expresiones que pueden generar fracturas en nuestras relaciones. Se actuó y se falló o, a veces, nos enfrentamos a situaciones que no sabemos qué hacer si actuar o no, nos da miedo fallar. Justamente, el poder delimitar con precisión qué hicimos, cómo lo hicimos, qué hemos hechos y qué preparación tenemos es el conocimiento de sí. Nuestros errores más que acciones ajenas a nosotros o que jamás desearíamos a verlos cometidos, pueden transformarse en una fuente inagotable de conocimiento para actuar en el presente. Esas actuaciones a partir del conocimiento de sí mismo es lo que los antiguos llamaban gobierno de sí mismo.
- ¿Qué interesante relación hiciste entre el deporte y la vida cotidiana?
- Hijo esa relación la han realizado muchos pensadores de distintas tradiciones de pensamiento. La expresión ejercicio espiritual es una expresión antigua que utilizaban los estoicos para dar cuenta de las prácticas diarias que se debían hacer para fortalecer el carácter, para tener control de sí mismo, para construir decisiones diariamente y evaluarlas. Ejercicios, prácticas, para modificar la propia existencia. Un pensador llamado Plotino, de inicios del siglo III DC, decía que esas prácticas conducían a transformar el cuerpo, la existencia de cada persona, en una obra de arte. Es como cuando vemos la ejecución perfecta de un deportista, su salto, su carrera, su nado, puede ser mirado como una obra de arte, porque es una ejecución hermosa bella, como una música. En el mundo cristiano, también se ha utilizado la expresión Ejercicios Espirituales, en el mismo sentido. San Ignacio de Loyola sistematizó su experiencia de cómo él tomaba decisiones, cómo enfrentaba las circunstancias, cómo reflexionaba los pasajes del evangelio y cómo él los asumía, en un texto que se conocen como los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Los inicia haciendo el símil entre el deporte y la vida de las personas. Si te dedica a pensar en el símil entre deporte y vida cotidiana, de múltiples maneras y en diversas perspectivas, encontraras un caudal de ideas para pensar tu vida cotidiana.
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