Se trata de un blog donde podrás encontrar reflexiones que te ayuden a replantear tu existencia, siendo tú el artista de tí mismo. Se trata de narraciones y reflexiones que provienen de las grandes tradiciones filosóficas como el estoicismo, el epicureísmo, aplicadas al mundo contemporáneo. Te invitamos a vistar nuestra página de facebook. Filosofía de la Actitud.
martes, 16 de octubre de 2012
LA VIDA: UN JUEGO, UN ARTE
La vida es como un juego de futbol. Tienes un horizonte, un sentido, un planteamiento de lo que quieres hacer para lograr lo que te propones. Ese plan nunca se lleva a cabo tal como se planifica. El plan nos da el sentido de cómo jugar. Aferrarse a él sin tomar en consideración las contingencias es absurdo. La destreza del jugador consiste en la creación de movimientos y jugadas, analizadas in situ, sin perder el sentido general de lo planteado. A veces, la adversidad, dada por la manera cómo juega el otro equipo, conduce a replantear toda la estrategia y aún así, en el fragor de los minutos, se mantiene, se varía o se construyen, las tácticas. La creatividad para atacar, defenderse o recrearse en el toque, mientras se estudia al contrario, es lo que configura la belleza del juego. Su belleza no está sólo en la finalidad. El gol es el punto final de una trama de decisiones, unas planificadas y otras contingentes.
El resultado puede ser el mismo para dos equipos, pero podemos discernir cuál de los dos hizo mejor juego. El mejor juego no sólo reside en la fuerza y la resistencia sino y, quizás sobre todo, en la creatividad que se percibe en la estrategia general, en las tácticas y en las acciones de cada jugador.
Asumir la vida como un juego, supone responsabilizarse por estudiar cómo actuar, cómo elaborar nuestros planteamientos generales, nuestra estrategia, pero con la certeza que la concentración no es forzar lo planificado e intentar llevarlo a cabo sin importar las contingencias, sino por el contrario, la concentración es para crear tácticas, movimientos, en cada circunstancia, dependiendo de lo que acontece sin perder el horizonte de sentido planteado. El horizonte de sentido de nuestro juego es la elección de lo que queremos ser, en la misma medida que lo hacemos. Precisamente, en ese jugar, en esa apuesta, se pone todo el ser en movimiento. Es razón, pasión, sudores y un olfato instintivo, para decidir. La estética es fisiológica. Al igual que en el juego de futbol, un juego vistoso, hermoso, bello, no necesariamente tiene un final feliz. Se puede perder, aún sabiendo que se jugó hermosamente bien, pero que imponderables condujeron a un resultado terrible. Dos pelotas que pegaron en los travesaños de la portería, un penalti, injustamente cantado por el árbitro, por ejemplo, pueden generar un revés, aún con un juego bellamente llevado. Sería un error para un director técnico de un equipo de fútbol, cambiar todas las estrategias y tácticas, por un resultado adverso. Implicaría que no piensa el juego en su conjunto. Igualmente en nuestras vidas. Los resultados no son el único criterio para mirarnos. Debemos mirarnos de conjunto y concentrarnos en el día a día, para crear nuevas jugadas, para atacar, para defendernos o para reposar.
El juego de futbol, así como la vida, se hace obra de arte, en la medida que se manifiestan acciones creativamente hermosas. Entendemos su hermosura porque causa placer el detenerse a contemplarlas. Es arte porque admiramos la jugada. Dirigimos la mirada hacia esa jugada, porque nos atrae, regocija todo nuestro cuerpo, sin una utilidad específica, sino la de contemplar con toda la pasión, con todos los órganos, con toda la razón geométrica. Solemos exclamar ¡Qué jugada tan bella!, aún cuando no conduzca al gol. Obviamente, una jugada bella que culmine en el gol, genera un estado orgiástico de clímax. Es la tribuna que se alza en un solo grito celebratorio.
El juego, la jugada, es un arte efímero para el espectador porque dura el tiempo en que se ejecuta la acción, pero para el jugador que está consciente de lo que hace en el momento de su hacer, se transforma esa creación en un acervo que podrá utilizar en cualquier otra circunstancia, es un arte que permanece en él y se maximiza con su ejercicio, con la reiteración.
Un jugador se hace en lo que hace. Lo que hace es una manifestación estética. Más aún, si el jugador hace lo que hace, dentro de los límites de las reglas, su juego cobra mayor fuerza, mayor atracción. Eso no significa que no transgreda las reglas. Su lógica no es transgredirlas, pero sabe que hay contingencias que intuitiva o calculadamente puede hacerlo, se atreve hacerlo, aún sabiendo de los castigos y las penalizaciones. Incluso en la transgresión se puede admirar la estética del jugador, pero no se aferra a la transgresión como modo de jugar, sino que lo concibe como un accidente dentro de su hacer. Precisamente, en esas decisiones es donde se cuece su carácter. La jugada es estética y el creador, el artista, las realiza desde una concepción del juego, una mirada, donde está atravesado por la lúdica y la ética. La vida es un juego que termina con la muerte.
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