martes, 2 de octubre de 2012

LA ABUELA, SU ACTITUD

El repicar de sus tacones hizo compás con el estruendo de la puerta. Hacía calor. Ella la intuyó en la distancia. La vio nacer. La tuvo en sus brazos. La respiración agitada y su paso acelerado, eran manifestaciones muy limpias de su cólera. Al verla, se le lanzó a los brazos sumergida en llanto. Me siento mal abuelita. El nombre de la Fundación quedó por el piso y tanto esfuerzo que hemos hecho. Yo lo dije, pero su directora… No pudo seguir hablando, se desbordó su tristeza confundida con dolor, amargura y rabia. Una maraña de sentimientos ocupaba su alma. Eran años de esfuerzo que veía cómo se derrumbaban en un par de reuniones. No es por mí abuelita, es… No sigas hijita. Llora tu rabia. ¿Sabes? Estas llorando por ti. La voz melodiosa de la anciana, se abría como una inmensa biblioteca de algodones y rosas, cabillas y esmeraldas, era un viento de ríos y mares de antaño. Era la vida quien hablaba. Casi en susurro, mientras la apretaba contra su pecho, le dijo: Te has entregado a ese oficio con pasión, ilusión e inteligencia. Sientes que has dado lo mejor de tu vida. Y, en poco segundos, todo se derrumba como un castillo de naipes. Tienes múltiples dolores. La rabia, esa cólera, la impotencia son fruto de tus interpretaciones. A veces hacemos las cosas, pensando que estamos dando lo mejor de sí y nos molestamos cuando no se nos reconoce. Tu rabia no es por la Fundación, sino por tu nombre. Por eso estas dolida. Si te hubiesen reconocido, piensas tú, habrían tomado en cuenta tus recomendaciones y nada saldría mal. La mirada más importante no es la del otro sino la tuya. Si actuaste bien, por qué la rabia, el dolor, lo que sucede no es tu responsabilidad. ¿Por qué sufres?... En el fondo hija mía, tu sufrimiento es el deseo de controlar el cauce del mar. Pero resulta que el mar no tiene cauce. Se levanta en olas, crece, danza en remolinos y retrocede. El mar no está en paz ni en guerra, sino tu interior. No busques discípulos que cumplan tu palabra. Sé discípula de tu propia voz. Cada quien asume su propia vida. No cargues con la vida de otros cuando ni siquiera sabes cargar con la tuya. Los otros no tienen por qué asumir lo que tú asumes. Para ellos la fundación es un oficio más, no una apuesta de vida. Tú deseas que todos los de la Fundación asuman su oficio como una familia. Cada quien tiene sus familias. Amada hija, mi nene, todos los oficios son iguales. El asunto es tu actitud. Reconocerte es mirarte en el espejo cada noche y sentarte en tu tribunal interior, sin esperar el reconocimiento del otro y mucho menos esperar que el otro, porque te valora deba actuar como tú piensas. Nadie sabe los misterios y los infiernos que hacen que el otro actúe de una manera determinada. A veces ni siquiera sabemos por qué y cómo actuamos nosotros mismos, ¿Te imaginas, solicitarle, a los demás, coherencia y rectitud? Si asumes tus contradicciones, tus vacíos, tus acciones no pensadas que desdicen de tus palabras, entonces, serás más afable para comprender a los otros… Un héroe deja de serlo, cuando nadie lo tiene como tal. Pero, y esto es lo clave, la heroicidad está en hacer lo mismo, soportando el silencio de miradas, sin llenarse de tristeza, y viendo el transcurrir del mundo. El hombre menos reconocido fue Jesús de Nazareth, es un antihéroe. El silencio se apropió de los cuerpos. Su cuerpo se resistía. Un videoclip, de su mundo, bombardeaba el resquicio de paz que necesitaba. Le secó las lágrimas con el delantal y con el canto del oriente, le dijo: ¿Me ayudas hacer las empanadas?

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