miércoles, 17 de octubre de 2012

FRAGMENTO: Cuál huella o la vida en clave de Tal Vez…

- La proposición: La vida es un arte. Es una expresión hermosa pero no se adecúa a la tragedia que uno vive a diario. No entiendo cómo se puede asumir de esa manera. Más bien la vida es una tragedia. - Dices bien. La vida es trágica. Muchos filósofos han reflexionado sobre el sentido trágico de la vida. El maestro Unamuno fue uno de ellos, también Nietzsche y, desde otro ámbito, Georg Simmel. La naturaleza trágica reside en los opuestos que conviven en nosotros desde el nacimiento, animales con espíritu. Cuando damos mayor alegría a nuestro alrededor, comunicamos menos nuestro sentir. Piensa en el bebé y su incapacidad para dar cuenta de él. Cuando tenemos más ilusiones, más utopías, más deseos de cambiar, de transformar el mundo, no tenemos el aparataje conceptual, ni la experiencia necesaria para hacerlo. Piensa en la adolescencia, su potencia vital y la falta de recursos teóricos y vivenciales para hacer algo de lo mucho que se desea. Cuando empezamos a comprender el tránsito del vivir y nos planteamos rutas posibles para hacerlo, la otredad nos exige desprendimiento para ayudar a otros a vivir. Piensa en la edad adulta y la conformación de la familia. Cuando empezamos a comprender los sentidos del amor y el horizonte de trascendencia, nos hace falta tiempo y fuerzas para vivir. Cuando se comprende a la madre, al padre, a los hermanos a plenitud, ellos no suelen existir. Piensa en la vejez y sus imposibilidades orgánicas. - ¿Viste? Me das la razón. Cómo entender que eso es bello, hermoso. - No te apures. No saques conclusiones rápidas. Nuestro sentido de trascendencia está mezclado, amalgamado, con nuestra inmanencia. La inmanencia es nuestro cable a tierra. Es lo que compartimos con todos los seres vivos, es la cotidianidad. Como seres halados por el espíritu queremos trascendernos a nosotros mismos, ello nos conduce a tratar de dejar nuestra huella en los otros. Las mamás lo dicen bien: “Hijo lo más valioso que te dejo, en herencia, es la formación”. Ese sentido se amplía y, entonces, la huella que se quiere dejar se hace en una organización, en un escrito, en una pintura, en una teoría, en una novela. El sentido de trascendencia es el testigo que se le entrega al otro, para que él viva su vida, pero mantenga como referencia dentro de sí, el testimonio de alguien que vivió de una determinada manera. Ahora bien, esa trascendencia, ese dejar la huella, es fruto de las vivencias, podríamos decir de la inmanencia. - Me molestas cuando te pones tan filósofo. - ¿Qué entiendes tú por eso? - Bueno, que dices cosas incomprensibles o abordas los asuntos con un montón de palabras que uno se pierde en tan sólo comprender qué es lo que dices. - Te refieres no al filósofo sino, tal vez, a una incapacidad mía. Lo que está mal dicho, enredado, está mal pensado, decía un viejo filósofo. El filósofo no es aquél que oscurece por el solo placer de hacerlo. Por el contrario, su virtud, su oficio, es el de articular ideas y conceptos para dar cuenta de las interrogaciones que le atormentan. Tal vez, el filósofo tiene más preguntas que respuestas. Sus reflexiones apuntan a colocar su olfato en esos asuntos obvios, pero que tal vez, si se piensan concentradamente, tal vez, no lo son. Y eso asusta mucho, porque uno queda como sin referentes, sin suelo… pero es un recorrido valioso para rehacer, para reconstruir. Ese arte de preguntar es otra de las manifestaciones del querer dejar huellas… Todos queremos dejar huellas y, aún sin pensar ese propósito, lo hacemos. Conocí a un joven que se sentía atormentado en la vida. Cuando jurungué en su interior, en el fondo, su tragedia era que no podía vivir la vida ni de sus padres ni de sus tíos, creyendo que vivía su propia vida. Ellos sin saber habían dejado una huella tan profunda, en ese muchacho, de cuál era la vida que valía la pena vivir… (hizo una pausa lenta y oscura) que el otro, el joven, sentía que una vida plena era reiterar la vida del otro, a su estilo y manera, pero reiterarla; su imposibilidad, lo atormentaba… Eso es más común de lo que te imaginas. Tal vez, si los referentes de ese joven, los padres y tíos, se percataran de la huella que dejaban entonces, tal vez, sólo tal vez, actuarían distinto, no lo dejarían todo al azar... Y, quizás, podían aliviarle un tanto el sufrimiento a ese joven. - Pero te desviaste del tema… Entonces, - Es hora de irme al trabajo, seguimos en otra oportunidad…

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