Se trata de un blog donde podrás encontrar reflexiones que te ayuden a replantear tu existencia, siendo tú el artista de tí mismo. Se trata de narraciones y reflexiones que provienen de las grandes tradiciones filosóficas como el estoicismo, el epicureísmo, aplicadas al mundo contemporáneo. Te invitamos a vistar nuestra página de facebook. Filosofía de la Actitud.
jueves, 11 de octubre de 2012
LA BELLEZA DEL CUERPO
Llegó del mar, perturbado. No eran las grietas sangrantes de su rostro que le hacían padecer. Era la imagen de sí mismo. ¿Cuánto costaría una cirugía? ¿Cómo podían aceptarlo, si el mismo no se aceptaba? Él, desde el acontecimiento, maldijo el azar, por su horrible figura. El viejo quien había pasado años disfrutando y sufriendo la mar, lo miraba agridulcemente. Sé que no dejarás de afligirte hasta reconstruir tu rostro. Siguió hablando para sí mismo, o para ser justos, teatralizando un soliloquio, pero con la firme intención de ser un tábano para su nieto. Te interpretas feo. La fealdad se la achacas a la mar. A su azar. Está feo tu rostro, es verdad. No es como el de ayer. Tu rostro era distinto. Pero el mástil no es el culpable de tu desgracia. Tampoco la tempestad. Ni la violencia de las olas. Tu desgracia no es la fealdad que miras en tu rostro, sino la falta de belleza de tu cuerpo. Un cuerpo bello es lo más digno de ser admirado en él. Si le preguntamos a cualquier persona qué es lo más digno de ser admirado de su ser, difícilmente responderían el culo, el ojo o la boca, a menos que se asuma como un estricto objeto, un objeto artístico. Pero ni siquiera esas mujeres y hombres que se saben productos, objetos artísticos, objetos deseados, que saben perfectamente que su imagen está en la fantasía de miles de orgasmos, ni siquiera ellos, se atreverían a decir que lo más digno de admirar de su ser es su exquisita figura. Por sentido común saben que se les llamaría estúpidos, idiotas. Lo que se ve con agrado, lo que causa sorpresa y detenimiento para contemplar de mil maneras y formas, lo que genera un deseo irresistible de estar y acompañar a otro cuerpo, por largos períodos, es el actuar de ese cuerpo. La quietud para contemplar la adversidad y con prudencia intervenir con todo su poder, la soltura para dejarse llevar y la firmeza para resistir a lo dado, la sonrisa como expresión dulcísima de paz, la mirada comprensiva de las fallas del otro, la mano suavísima para educar. Un bello cuerpo se hace lentamente. Un cuerpo bello no se deteriora con el pasar de los años, sino por el contrario, es como el vino, lo añejado es su virtud. Movió su silla de rueda, lentísimamente firme, y se acercó. Le dio un beso, en su rostro ensangrentado.
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