viernes, 16 de noviembre de 2012

COMIDA LENTA, NOCHE OSCURA

La filosofía de la actitud se pregunta por el cómo asumir el instante, el acontecer, en su pleno desarrollo. No es un conjunto de consejos válidos para cualquier situación y en cualquier circunstancias. Más bien, indaga en la sensibilidad, en el oído que uno mismo debe tener para escucharse. A veces, sorprenderse de uno mismo... No huye del desierto ni de la oscuridad... Por el contrario, indagar, en la asunción de la incertidumbre, en ese no saber qué hacer, en la confusión de los sentidos, es su ritmo más preciado. No prtende buscar una varita mágica para encontrar la brújula del buen vivir.. Hay momentos que lo más sensato es asumir la incapacidad de orientarse, penetrar lentamente en los laberíntos interiores, descubrir las posibilidades que surgen de la lentitud de la depresión y del olvido... Es como el artista que hace un boceto y sabe que no es lo que quiere, pero no sabe a ciencia cierta lo que quiere y sin embargo, aunque se llene de ron, de drástica rabia consigo mismo, indaga como si la solución la tuviera al voltear la esquina, aunque está seguro de su fracaso... pero lo intenta, una y otra vez... Su drama es la imposibilidad de acertar mientras sigue intentándolo... pero esa experiencia es inigualable para su condición de creador... Es el ejercicio de su voluntad frente a la negación de la vida... ¿La pastilla? Es un buen invento para calmar lo que no tiene calma, el ser... Es la brujería y la autoayuda ficticia de los tiempos modernos... La noche oscura como decía San Juan de la Cruz, puede ser una experiencia dificilísima de asumir, pero extraordinaria de vivenciar si dejamos de tener miedo a nosotros mismos... La luz es su anhelo de todo ser humano, pero jamás se podrá reconocer si no se experimenta la noche, la oscuridad... La pastilla anula una parte sustancial del ser, pretende hacernos como Alf, aquél extraterrestre que decía "No hay problemas"... Seguramente, en casos extremos, dirían alguno es necesaria... También es cierto..Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a la comida rápida... a la salud rápida, al bienestar rápido, al aprendizaje en diez fáciles lecciones... Precisamente porque la vida transcurre rapidamente debemos vivenciarla lentamente... A veces, esta vertiginosa especialización, nos hace cómodo y por eso corremos para que los señores especialistas nos digan qué hacer con el hijo o la hija o la pareja... o que resuelva al hijo, la hija o la pareja... Es más fácil darle la responsabilidad al médico, ese cura, sacerdote contemporáneo... O, también se recurre a pedirle a Dios... Olvidando aquel extraordinario pasaje del evangelio donde Jesús, grita Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado? y del cielo no se escucha nada... Lo deja en su humanidad, en su soledad y en su estricto sufrimiento.... Si se comprendiera eso... tal vez... No sé... si por lo menos lo pensaramos seriamente, mirando a cada persona que nos constituye... Prefiriiéramos el placer de la comida lenta.... A veces creo esto...

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