miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA COMUNICACIÓN: ¿UN ASUNTO FÁCIL?

Los libros elementales que abordan el asunto de la comunicación la simplifican en emisor, receptor y mensaje, casi expresan esa vivencia como si se tratara de máquinas cargadas de certezas. Por el contrario, todos tenemos la experiencia de lo que cuesta comunicar nuestros deseos, nuestras ilusiones, nuestros temores, sentimientos, miedos, el cómo queremos que nos trate esa persona que amamos y también todos, en algún momento, experimentamos la incapacidad de expresar lo que queremos decir, sobre todo cuando tenemos discusiones, desde las más elementales hasta las que consideramos decisivas en nuestras vidas. Frases que reiteramos: “¿Qué quieres que te diga?”, “¿Acaso no te lo he dicho de infinitas maneras?”, “Es que tú no me entiendes”, “¿Por qué piensas eso de mí, si yo jamás dije eso?”, “No entiendo lo que quieres, hago una cosa porque creo que es lo que quieres y te molestas”, “¿Cómo quieres que te diga lo que te he dicho mil veces y tu pareces que no entiendes?”… Y así infinidades de expresiones que usamos en nuestra vida diaria dan cuenta que no es un asunto para tratarlo como una suma o un logaritmo, que cualquier persona que sepa o tenga conocimiento sabe no sólo qué se le pregunta sino cómo debe responder. La comunicación no es un asunto matemático aunque la lógica juegue un papel importante. Nacemos y nos enfrentamos a la primera tormenta de la vida, comunicar a los otros nuestro sentir y su imposibilidad de hacerlo. El bebé, mientras todos están literalmente felices por su nacimiento, sufre el primer tormento de estar arrojado al mundo. La imposibilidad de comunicar de diversas maneras y de una forma apropiada qué le sucede. Todos sus sentires son expresados de una misma forma, un llanto. La habilidad de los padres es ir descubriendo, por ensayo y error, las necesidades del bebé para satisfacerlas. Es un aprendizaje complejo para toda madre y todo padre. Aún cuando haya tenido varios hijos, cada uno se presenta como un regalo lleno de sorpresas que no se sabe bien cómo entrarle. De allí la angustia natural de las madres y los padres. A veces pasamos horas viendo al bebé recién nacido para ver si está durmiendo o respirando bien o si tiene alguna incomodidad. El objetivo de los padres es que ese bebé sufra esos avatares cotidianos y diarios de la mejor manera posible y de ser posible que nunca lo sufra. Expectativa ésta que jamás podría cumplirse porque implicaría que la madre o el padre tienen una conexión tan extraordinaria que siempre saben con exactitud cuál es esa necesidad. Debemos ser realistas, la incomunicación y la lucha por aminorarla, esa fractura, es constitutiva de la experiencia humana. Recién estamos aprendiendo hablar y a comunicarnos con los otros, entramos al sistema educativo. Un sistema que poco se ocupa de ejercitarnos en ese arte de expresar nuestras miradas. Por el contrario, el ejercicio permanente desde preescolar hasta la universidad, es ejercitarnos en responder asuntos, cuestiones, desde la mirada de los otros. Recuerde lo que pensaba cuando le mandaban un trabajo o presentaba un examen en la escuela, en el bachillerato o en la universidad: ¿Qué querrá el profesor que yo haga? ¿Qué debo contestar y cómo, para que él sepa que yo sé?... Nos habituamos no tanto a dar cuenta de nosotros, qué queremos decir, sino a pensar qué es lo que el otro quiere que yo diga, qué es lo qué debería decirle al otro… Nos hacemos unos artistas interpretando al otro y desde el análisis que hacemos de lo que creemos que el otro quiere o debe escuchar, entonces, nos planteamos qué decir… El sistema educativo nos entrena para no expresarnos. Por el contrario, nos habitúa no sólo a que respondamos desde la mirada del otro, sino que lo hagamos de una forma específica. No tenemos entrenamiento dentro del sistema educativo para expresar de distintas formas, maneras y recursos nuestras percepciones del mundo y de aquello que conocemos. En muchos colegios se preocupan enormemente los maestros que sus alumnos tengan una letra bonita y no cometan errores ortográficos y jamás se plantean el sentido de la escritura para el niño en su formación como persona. Lo dan por un supuesto. Después de dieciséis o más años dentro de ese sistema de aprendizajes, nos impresionamos porque no sabemos comunicarnos. Coloco de manera marcada lo del sistema educativo, porque en casa, en este mundo moderno, nosotros como padres, no nos ocupamos de ese ámbito esencial en la vida de una persona, de nuestros hijos. Nos hacemos más bien muletas del sistema educativo. La filosofía es una herramienta que nos ayuda a pensar con claridad nuestros propios parlamentos. Conocer qué conceptos usamos y cómo los usamos. Ayuda a pulir nuestras maneras de hablar, de pensar, pero sobre todo, de analizar lo que nosotros decimos y cómo lo expresamos. La filosofía es una herramienta para clarificar la opacidad de nuestros lenguajes. Conocerse es irse clarificando, permanentemente, qué quiero decir cuando digo tal o cual cosa y solicitar amablemente que el otro clarifique, “no entendí que quieres decir, no comprendí el sentido de lo que me dices, me lo podrías explicar de otra manera”. Ese es el ejercicio más básico. Para ello, en principio, no podemos partir de la idea que los otros pueden comprender lo que digo de manera exacta o que yo comprendo a las primeras aquello que me comunican. Por el contrario, el ejercicio, es contrario. Partir del supuesto que yo no sé expresar de manera adecuada aquello que quiero decir y tampoco sé interpretar bien, lo que me dicen los otros. Clarificarse cada día es intentar expresar lo que se quiere decir con distintos recursos, canciones, poemas, metáforas, cuentos, anécdotas, pinturas, poemas, argumentos racionales. La clarificación fundamental está en uno. En cómo utilizo las palabras, en qué sentido las utilizo, con qué finalidad. Comunicarse es una vivencia consciente del arte de la expresión. Expresión significa presionar hacia el exterior, lo que está en nuestro mundo interior. Debemos educarnos en un ámbito donde la sociedad actual no nos entrena y, paradójicamente, es la práctica más habitual para convivir con el otro, nuestro lenguaje. La falta de entrenamiento es la fuente de muchísimos problemas cotidianos que se evitarían si nos proponemos conscientemente a educarnos. Tenemos que hacernos maestros de nosotros mismos. Unos padres que asuman el reto de educarse, tendrán una mejor pericia para educar y entrar a sus hijos en ese arte de vivir. Ese es uno de los retos fundamentales de una filosofía de la actitud.

3 comentarios:

  1. Si me permite una crítica: El blog no es muy atractivo. Si su intención es el público especializado entonces es suficiente. Pero si quiere llegar a un gran público y que mediante los textos lleguen a replantearse algunas actitudes existenciales tal vez debería darle otro tono (color) y otra distribución para que sea más agradable.

    Un saludo coordial,
    Jorge
    www.koinefilosofica.org

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Estimado Jorge Sánchez agradezco vuestro comentario, porque entiendo el sentido de lo que me dices...pues no soy experto en ese ámbito, pero haré mi mayor esfuerzo. Buscaré el tiempo para ocuparme de ese asunto que también es fundamental para comunicar las ideas que uno desea compartir con los otros

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