miércoles, 21 de noviembre de 2012

CONVERSACIÓN CON ALZURU SOBRE SU VAGABUNDO Y CRISTO REY

Entrevistador: Buenos días profesor Alzuru. Hemos querido hacer esta entrevista a propósito de su artículo El Vagabundo y Cristo Rey. Jonatan Alzuru: Muchas gracias, lo primero que te diría es que no es un artículo. Tiene una estructura entre ensayo y cuento, entre ficción y realidad. Bueno pero imagino que usted viene por alguna inquietud particular. E: Mire profesor… JA: Disculpa, me puedes llamar Jonatan ese es mi nombre, he tenido el oficio de profesor, en este tiempo he aprendido el oficio de ama de casa. Pero nadie le dice a las ama de casa. Mire ama de casa, sino le dicen señora o su nombre… Pues bien, yo prefiero mi nombre. (La manera que habló Jonatan me causó una risa indescriptible, yo no sé si me hablaba en serio o en realidad porque eso tiene mucho de verdad, pero me dio pena repreguntar sobre eso. Él también soltó una carcajada) E: Está bien… Mira Jonatan.. Tu escrito ese cuento es bueno pero tiene unas metáforas, unas imágenes un poco escatológicas, fuertes.. Creo que innecesariamente, si me permites decírtelo. JA: Es curioso, ¿Sabes? Cuando queremos decir algo pedimos permiso diciéndolo, yo también he hecho eso. Pero no te sonrojes, tranquila. ¿A cuál imagen te refieres? E: Bueno donde escribes que el vagabundo excretó en la estatua de Cristo Rey. JA: La palabra que usé fue se cagó. La usé como la utiliza el vulgo. Como la usamos al interior de nuestras casas, como hablan las personas del barrio, como yo que nací en una zona popular, en un barrio, en Coche. ¿Qué te parece fuerte de la imagen? E: Todo, imaginármela me parece horrible, casi una falta de respeto. Bueno leyéndote se entiende, pero es como fea. Bueno esa fue mi impresión, pero quisiera que me dijeras: ¿por qué fue esa imagen? ¿Se te ocurrió de pronto o tiene una argumentación detrás? Y me lo imagino porque sé que tú tienes por lo menos diez u once años trabajando asuntos de estética… Pero bueno a veces uno le da vuelta a la cosa y no había argumento, eso pasa también… J: Yo tengo una relación muy estrecha con mis excrementos… Chica no te rías que es verdad… (Tuve que parar el grabador porque no podía aguantar mi ataque de risa) Óyeme que te hablo con la máxima seriedad (continuó y puso la cara tan seria como para que mi sonrisa se hiciera un línea recta). Hace como siete años me hicieron una operación del intestino. Cuando salí del pabellón mi intestino no reaccionó. Eso produjo que entrara en una crisis y un colapso en todo mi cuerpo. Todos pensaban que moría en poco tiempo. Pues no fue así. La señal de recuperación era que evacuara, primero aunque fuera agua y así sucesivamente. Nadie imagina la cara de felicidad de mis hermanos, mi mamá, mi esposa y mis hijo cuando salía del baño y decía lo hice. Era una alegría impresionante. A los diez meses de aquel acontecimiento llamé a todo el mundo porque mis excrementos tenían una consistencia. Mis hijo me gritaban no bajes la palanca papá, para verlo. Mis cuñados, mis suegros y mi esposa entraron a verlo. Hubo una celebración con una copita, no podía tomar más, de vino. El excremento es parte constitutiva del cuerpo. No es agradable a ninguno de los sentidos, pero ella da cuenta de la salud o la enfermedad. No representa al cuerpo es parte del cuerpo, consustancial con él que es expulsado al exterior. De no expulsarse el cuerpo muere, pero en el exterior no deja de dar cuenta sustancialmente del cuerpo al que pertenece. Mi imagen es una parte de mí que se le echa encima a la estatua. Una parte de mí que hizo y hace que me vea en la salud o en la enfermedad. Esa parte de mí es la que estéticamente es la más insoportable de mí. Pero no deja de ser mía, me constituye. ¿Por qué se la echa a la imagen del Cristo César? Porque esa imagen agradable a todos los sentidos del cuerpo es la antítesis, radicalmente, de quien fue Jesús. Ella es agradable a la vista pero ni siquiera es un excremento, porque ya dije que eso es constitutivo. Esa imagen es otra cosa, no pertenece al cuerpo. Mira, hace como tres años, trabajando en El Centro de Investigaciones Postdoctorales de la UCV, se incorporó al Programa Postdoctoral que yo coordinaba, un profesor que quería hacer la pasantía postdoctoral en nuestro Centro, tuve la dicha de Coordinar, mejor dicho, de acompañar su trabajo. Es un profesor que tiene más títulos de los que tu tienes en la cartera. Está en la Complutense de Madrid. Él había sido un cura y su trabajo de investigación era sobre la iconología e iconografía religiosa de la Baja Edad Media. Es decir, su investigación era el trabajo de imágenes. Aunque yo coordinaba el Programa, el supuesto tutorado, era un especialista en algo que yo jamás ni siquiera se me había ocurrido pensar. Pero leyendo sus trabajos, haciendo las conversaciones de investigación y empapándome someramente del asunto, descubrí una cosa que seguramente cualquier estudiante de arte lo sabe o los historiadores, pero yo lo aprendía a ver en ese momento, la relación entre imágenes y soportes teológicos. Como las pinturas las mandaban hacer o los Papas o los Cardenales, trataban que el pintor reflejara la interpretación que tenía o de la sociedad o de un pasaje del evangelio. La investigación que realizó mostraba la vinculación entre encíclicas papales y pinturas… Era mínimas las que se apartaban, siendo religiosas, de la discusión eclesial del momento. Hay toda una especialidad dentro del mundo religioso, especialmente católico, en el ámbito de la estética que trabaja esos asuntos. Así pues, en resumidas cuentas. Creo que la imagen es más brutal que mis excrementos. Pero también acepto que no te guste. Yo no escribí para gustar o disgustar, no tuve ese propósito sino para expresar mi pensamiento de denuncia en clave de cuento, quien lo agarre bien. Como una botella con un mensaje que se lanza al mar, así lo hice. E: ¿Qué te motivó a escribir ese cuento? JA: Una imagen que vi de Jesús en una procesión dentro de la celebración de la solemnidad de Cristo Rey. Había asistido, casi por casualidad, y bueno la vi y escribí. E: Yo he visto imágenes como esa, muchas de Cristo Rey, es más creo que todas las que he visto se parecen a la que describes, no sé si con la mano alzada pero con la corona sí. Segurísimo. ¿Por qué sucede eso? ¿Tienes alguna hipótesis al respecto? ¿Es casualidad? JA: No es casual. Podemos durar horas, días, meses y años mostrándote la relación entre poder político y poder religioso. Pero sobre todo poder monárquico y poder religioso. Tan sólo señalar, por ejemplo, que después que el emperador romano se hace cristiano, sus hijos dividen el imperio. Recordemos que el imperio era toda Europa, el norte de África, parte de Asia… La ilusión de la vuelta al Gran Imperio no sólo fue un deseo de reyes, sino de muchísimos Papas. La legitimidad de los Reyes era la bendición Papal. Por allí es largo el cuento. Yo creo que ese tipo de representación tiene un fundamento más reciente. En concreto las fiestas de Cristo Rey, fueron instituidas por el Papa Pio XI en 1925. El escribió una Encíclica llamada Quas Primas, donde hacer la interpretación de lo que significa Cristo Rey. A partir de allí muchos colegios como los de los Agustinianos Recoletos se llamaron Cristo Rey, organizaciones y comunidades religiosas. Si te fijas en su simbología ve el escudo del colegio de los Cristo Rey de los Agustinos, pues tienen una corona como la de los reyes. Casualmente, si revisas las imágenes de las coronas casi todas pertenecen o son muy similares a las monarquías europeas. La del Cristo que vi tiene la imagen del Príncipe de Asturias. Te repito eso no es casual, porque la Encíclica de Pío XI, lo sostenía, déjame citarte un solo parágrafo: “18. Y si los príncipes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.”(Pío XI, Quas Primas) E: ¡Increíble!, lo de esa Encíclica, claro, entonces, tú tienes una mirada opuesta…por supuestísimo… JA: Antes de mí han escrito muchos en contra de tal interpretación. Para utilizar a un estudiosos de la teología y del mismo rango, te puedo citar al actual Papa con el cual uno puede tener mil diferencias en una cantidad de temas, pero en cuanto a la solemnidad de Cristo Rey que, por cierto, siempre se celebra al final del año litúrgico, desde que se aprobó en el Concilio Vaticano II, cualquiera coincide con él, digo cualquiera mínimamente que haya leído el evangelio. Él, con la elegancia eclesiástica, ofreció una interpretación radicalmente opuesta a la de Pío XI, en el 2008 dijo lo siguiente: Celebramos hoy, último domingo del año litúrgico, la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo. Sabemos por los Evangelios que Jesús rechazó el título de rey cuando se entendía en sentido político, al estilo de los "jefes de las naciones" (cf. Mt 20, 25). En cambio, durante su Pasión, reivindicó una singular realeza ante Pilato, que lo interrogó explícitamente: "¿Tú eres rey?", y Jesús respondió: "Sí, como dices, soy rey" (Jn 18, 37); pero poco antes había declarado: "Mi reino no es de este mundo" (Jn 18, 36). En efecto, la realeza de Cristo es revelación y actuación de la de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con amor y con justicia. El Padre encomendó al Hijo la misión de dar a los hombres la vida eterna, amándolos hasta el supremo sacrificio y, al mismo tiempo, le otorgó el poder de juzgarlos, desde el momento que se hizo Hijo del hombre, semejante en todo a nosotros (cf. Jn 5, 21-22. 26-27). El evangelio de hoy insiste precisamente en la realeza universal de Cristo juez, con la estupenda parábola del juicio final, que san Mateo colocó inmediatamente antes del relato de la Pasión (cf. Mt 25, 31-46). Las imágenes son sencillas, el lenguaje es popular, pero el mensaje es sumamente importante: es la verdad sobre nuestro destino último y sobre el criterio con el que seremos juzgados. "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis" (Mt 25, 35), etc. ¿Quién no conoce esta página? Forma parte de nuestra civilización. Ha marcado la historia de los pueblos de cultura cristiana: la jerarquía de valores, las instituciones, las múltiples obras benéficas y sociales. En efecto, el reino de Cristo no es de este mundo, pero lleva a cumplimiento todo el bien que, gracias a Dios, existe en el hombre y en la historia. Si ponemos en práctica el amor a nuestro prójimo, según el mensaje evangélico, entonces dejamos espacio al señorío de Dios, y su reino se realiza en medio de nosotros. En cambio, si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo no puede menos de ir hacia la ruina. Queridos amigos, el reino de Dios no es una cuestión de honores y de apariencias; por el contrario, como escribe san Pablo, es "justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rm 14, 17). Al Señor le importa nuestro bien, es decir, que todo hombre tenga la vida y que, especialmente sus hijos más "pequeños", puedan acceder al banquete que ha preparado para todos. Por eso, no soporta las formas hipócritas de quien dice: "Señor, Señor", y después no cumple sus mandamientos (cf. Mt 7, 21). En su reino eterno, Dios acoge a los que día a día se esfuerzan por poner en práctica su palabra. Por eso la Virgen María, la más humilde de todas las criaturas, es la más grande a sus ojos y se sienta, como Reina, a la derecha de Cristo Rey. A su intercesión celestial queremos encomendarnos una vez más con confianza filial, para poder cumplir nuestra misión cristiana en el mundo. (Benedicto XVI, 23/11/2008) En el 2010, Benedico XVI sigue profundizando en el asunto, en la celebración de Cristo Rey, dando la vuelta a la interpretación de Pío XI, allí dice: El Evangelio de san Lucas presenta, como en un gran cuadro, la realeza de Jesús en el momento de la crucifixión. Los jefes del pueblo y los soldados se burlan del "primogénito de toda criatura" (Colosenses 1,15) y le ponen a prueba para ver si tiene el poder para salvarse de la muerte (cf. Lucas 23, 35-37). Sin embargo, "precisamente en la cruz, Jesús está a la altura de Dios, que es Amor. Allí se le puede 'conocer'. [...] Jesús nos da 'vida' porque nos da a Dios. Nos lo puede dar porque él mismo es uno con Dios" (Benedicto XVI, "Jesús de Nazaret", según la edición italiana Milán 2007, 399 404). De hecho, mientras que el Señor parece pasar desapercibido entre dos malhechores, uno de ellos, consciente de sus pecados, se abre a la verdad, alcanza la fe e implora "al rey de los judíos": "Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino" (Lucas 23,42). De quien "es antes de todas las cosas y en él todas subsisten" (Colosenses 1, 17) el llamado "buen ladrón" recibe inmediatamente el perdón y la alegría de entrar en el Reino de los Cielos. "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lucas 23, 43). Con estas palabras, Jesús, desde el trono de la cruz, da la bienvenida a todos con la misericordia infinita. San Ambrosio comenta que "es un buen ejemplo de conversión al que debemos aspirar: muy pronto al ladrón se le concede el perdón, y la gracia es más abundante que la petición; el Señor, de hecho, dice san Ambrosio, siempre concede lo que se le pide [...] La vida consiste en estar con Cristo, porque donde está Cristo allí está el Reino" (Expositio Evangelii secundum Lucam X, 121:.. CCL 14, 379).” (Benedicto XVI,21/11/21010) E: Interesantísimo Jonatan… JA: Claro no es asunto mío, pero si fuera agustino recoleto o de cualquier otra congregación lo primero que me pondría revisar el evangelio, repensar mi simbología, porque eso dice de mí…. Pero ese no es mi problema ni m escrito pretende eso… E: Jonatan ¡tú eres bastante cristiano! ¿Verdad? (se rié) E.: De verdad, me puedes contestar esta pregunta: ¿Eres cristiano? JA: ¿Por qué preguntas eso? E: Bueno porque he quedado loca con tu información sobre el mundo católico. JA: Mira, déjame decirte así, mira nené, Google tiene más información que yo sobre el mundo católico y yo no sé si se le puede llamar cristiano a Google. E: No me vaciles, pónte serio como estabas haciendo la entrevista. JA: Bueno no he dejado la seriedad. Conocimiento e información, un mínimo de lectura e interpretación no dice nada del ser cristiano o no. Dice que leo e interpreto nada más. E: Esta bien. Pero eres o no eres cristiano. JA: Esa es una pregunta que no me haría a estas alturas de mi vida. Si tú asumes cristiano a la estadística de facebook que preguntan, ¿Religión? Entonces seguramente tendré que decir que sí. Si lo ves culturalmente también diré que sí. Por historia familiar también, una mamá que ha escrito libros sobre asuntos religioso, una hermana que ha ganado premios con novelas religiosas, dos hermanos que estuvieron en seminario y una hermana monja… ¿Te parece poco?... Pero, la verdad a mí me parece una falta de seriedad estarse llamando lo que no se es. No estoy hablando ni de los ritos, ni de la fe… si se entiende por fe es creer en dios, bueno eso es una mantequilla. Cualquiera hasta el gato, puede cumplir con ritos, sacramentos, pueden repetir palabras días y noches con lógica de rezo y saber más que Google sobre la religión. Entonces ese se llama cristiano y se ofenderían si uno le dice que no es así… Pero lo otro también es una mantequilla… Escribir como yo lo hice hace doce años. En mi tesis doctoral que fue sobre Ernesto Sabato, en su primer capítulo realizo un interrogatorio a mí mismo, allí me pregunto eso y contesto después de dudar mucho que soy un cristiano no institucional, un contemplativo en acción. Esa respuesta era una respuesta súper pretenciosa, porque por un lado decía que la institución no comprendía nada y yo sí… Además utilizaba una expresión muy interesante de San Ignacio para describirme… Era todo un juego pretensioso, aunque cuando lo escribí no lo percibía así. Recuerdo que me senté a pensarme seriamente…. Pero era una masturbación mental. Si cristiano se entiende como la asunción en la vida de la inversión de los valores planteada y vivida por Jesús, yo preguntaría quien viva así que levante la mano yo me arrodillo. Asumirse cómodamente en una definición es sentirse seguro. Estable en casa. Cuando lees a hombres serios como San Juan de la Cruz te das cuenta o por lo menos ahora lo veo así, que la incertidumbre, la intemperie, la no comodidad de la definición y, por el contrario, la inquietud y voluntad del desandar caminos es más cónsona con nuestras fragilidades. Pero desarrollar esto implicaría otra larguísima entrevista. Discúlpame que hablo como demasiado… Son sabios los que invitan al silencio… Debo aprender eso… E: De verdad me dejas muy pensativa… debo releer esto una y otra vez, porque aquí hay un material para digerir como para un año… Gracias.

CRISTO REY Y LA INVERSIÓN DE VALORES

El gobernante, quien gobierna, es aquél que establece no sólo el cómo deben ser los asuntos, más allá de los procedimientos que utiliza para determinar el horizonte (democrático o autoritario), sino quien está al frente para determinar cuándo los gobernados perdieron el rumbo. Es decir, tiene la función de darle dirección a su gestión y coaccionar con argumentos o a través de la punición que los gobernados cumplan. Es el censor, de alguna manera, de lo que se debe o no se debe hacer. El gobernante para hacerlo debe imponer su autoridad. La manera y forma cómo lo hace es otro asunto, delicado e importante, sustancial para discernir el buen del mal gobierno, pero que no es el objeto de la reflexión que deseo adelantar. El gobernante ejerce su autoridad y su ejercicio supone, toma de decisiones que se evidenciarán la distribución de costos y beneficios de los gobernados. Dentro de la estructura social, el gobernante, es el primer ciudadano, en tanto, su oficio es representar a todos los gobernados. El vocablo servicio, entre otras acepciones, es aquella persona que realiza el trabajo de atención a los otros como un criado. En este sentido el sirviente, el que sirve, es aquél encargado de hacer los trabajos domésticos. Dentro de la estructura social de un país, de un estado o de una comunidad quienes ejercen tales oficios, no pertenecen a los que deliberan sobre el bienestar o no de la comunidad o el estado. Son aquellas personas que por su condición económica, social y educativa, se limitan a obedecer. Están excluidos de las tomas de decisión, casi por definición. Un buen sirviente es aquél que cumple de manera eficiente y eficaz lo que le ordenan. No opina sobre aquello que se debe o no se debe hacer. Dentro de la estructura social serían lo opuesto al gobernante. La interpretación nietzscheana de la transvaloración de los valores, usando un vocablo teológico, la transustanciación de los significados de Rey y Esclavo, en el análisis de la pasión Cristo, no está descoyuntada del Evangelio. No se trata del análisis de un acontecimiento donde el intérprete fuerza lo que lee para decir lo que él quiere decir. Donde lo leído, en este caso, el acontecimiento, es casi una excusa para dar una opinión. Decimos una vez más, este no es el caso. El acontecimiento que narra el evangelista Mateo: “Lo desnudaron, lo envolvieron en un manto escarlata, trenzaron una corona de espina y se la colocaron en la cabeza, y pusieron una caña en su mano derecha. Después, burlándose, se arrodillaban ante él y decían: -Salud, rey de los judíos! Le escupían, le quitaban la caña y le pegaban con ella en la cabeza. Terminada la burla, le quitaron el manto y lo vistieron con su ropa. Después lo sacaron para crucificarlo.” (Mt. 27,27-31) Es interpretado como el acontecer práctico que genera una inversión de los significados de Rey y Esclavo. Obviamente, un lector aguzado podría, contra argumentar diciendo que dentro de las sociedades a muchas personas que tenían una vida justa y digna, le ha sucedido, sino algo igual, por lo menos, similar. ¿Entonces, toda persona que sufra en su carne los abusos de poder, genera una transustanciación de las palabras? ¿Acaso esto no es una exageración del intérprete de ese hecho social? Frente a tales interrogantes, acertadas y agudas, Nietzsche sostiene: “La vida del redentor no fue otra cosa que esta práctica, su muerte tampoco fue otra cosa…” (Nietzsche, A. XXXIII) Si se interpreta la muerte de Jesús como un acontecimiento sin dar cuenta de lo que narran los evangelio de su vida, como un hecho aislado, entonces, toda persona que por contingencia o por enfrentamiento al poder que le suceda un asunto similar a la pasión de Cristo debería interpretarse de esa manera o similar. Por el contrario, si la actitud de Jesús durante su pasión se corresponde con una propuesta de vida, de cómo asumir las contingencias adversas, de cómo enfrentarse a los poderosos, de cómo enfrentarse a los que atentan contra su ser, más aún, si la propuesta de la transustanciación de los conceptos fue una propuesta de él antes del acontecimiento, entonces, la mirada de ese hecho social no es equiparable a la contingencia de alguien que sufra un evento similar o alguien que se enfrente al poder, a menos que la manera de enfrentarse a ese poder responda a la misma filosofía de vida propuesta por Jesús. Iniciamos nuestro comentario dando cuenta de dos palabras gobernante y sirviente. Dos oficios que implican valores opuestos. Cuando decimos valores opuestos no sólo queremos referirnos al asunto de oposición de clases sociales, restringido tal asunto al ámbito económico, sino en un sentido más amplio, éticos, estéticos y políticos. Hay una extensa literatura sociológica y filosófica desde la modernidad hasta nuestros días que han mostrado ese engranaje. Gobernante, Dinero, Belleza, Razón, Derecho, Bien, Educación, Saber… Esos valores sociales asociados son opuestos a los valores asociados a la servidumbre, porque los valores se desprenden de prácticas sociales, costumbres, distintas. Justamente, la prédica de Jesús fue una propuesta de inversión de los valores. Dice, el evangelio: “Pero Jesús los llamó y les dijo: - Saben que entre los paganos, los gobernantes tienen sometidos a sus súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre ustedes; más bien, quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; y quien quiera ser el primero, que se haga sirviente de los demás. Lo mismo que el hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida por el rescate de muchos.” (Mt. 20, 25-28) Tal inversión de los valores tiene implicaciones prácticas de todo tipo. Deténganse a pensar dos segundos en ellas y su asunción implicará como dice Nietzsche no una nueva fe, sino una manera distinta, radicalmente distinta de obrar. Tal vez, por ello, Pedro Legaria, un pensador católico, les recomendaba insistentemente a las hermanas de la Congregación que había fundado que se afanaran en la experiencia de servir, de hacer los servicios domésticos, que no pidieran cargos y su silencio cotidiano, fuera justamente, por la comprensión del lugar que tenían, al asumir la inversión de los valores… ¡Vaya complejidad de vida!

martes, 20 de noviembre de 2012

JESÚS, NIETZSCHE: TRANSVALORIZACIÓN: Algunas anotaciones

“La práctica es lo que legó a la humanidad: su conducta ante los jueces, ante los sayones, ante los acusadores y ante toda clase de calumnias y de burlas, su conducta en la cruz. No opone resistencia, no defiende su derecho, no da ni un paso para apartar de sí lo más extremado, más aún, lo provoca… Y reza, sufre, ama con quienes, en quienes le hacen mal. Las palabras dichas al ladrón en la cruz contienen todo el evangelio: “¡Este ha sido verdaderamente un hombre divino, un hijo de Dios!”, dice al la ladrón, si tú sientes eso, responde el redentor estarás conmigo en el paraíso; y tú serás un hijo de Dios. No defenderse, no hacer responsable a nadie… Por el contrario, tampoco oponer resistencia al mal, amarlo” (Nietzsche, Anticristo, XXXV) “(….) con la palabra hijo expresa el ingreso en el sentimiento de la transfiguración general de todas las cosas (las bienaventuranzas)…” (Nietzsche, XXXIV) Obviamente Nietzsche presenta una crítica radicalísima a la institución eclesial. La historia de la iglesia es el propio manantial donde bebe el pensador. Sin embargo, lo interesante, para mí, es cómo muestra que desde el legado práctico Jesús transvaloriza los valores, los transfigura. Decimos radicalidad porque aún cuando compartimos el horizonte de crítica del pensador alemán, nos distanciamos al mostrar que dentro de la historia del pensamiento cristiano hay hombres que comprendieron esa transvaloración, Francisco de Asís, aún cuando no la hayan sistematizado o teorizado, por ejemplo. En otras palabras, Nietzsche muestra que Jesús genera una transustanciación del contenido de las palabras. Reinar no es mandar, sino servir. Esclavitud no es obedecer sino es un acto de libertad. Las palabras reinar y esclavitud pierden su contenido específico, lo que hace que ella sea, su sustancia y adquieren otro significado, tienen otra sustancia. Tal interpretación, por ejemplo, la encontramos en San Ignacio y pudiera compartir esa tesis, aún cuando Nietzsche, coloca a la Compañía de Jesús en el centro de su ataque, precisamente porque en ella evidencia la traición a Jesús. La Compañía es un síntoma de toda la crítica a la historia de la iglesia que realiza el pensador. Esta crítica de Nietzsche es compartida por una multiplicidad de pensadores, sobre todo, por los modernos. Pero este no es nuestro asunto, por ahora, allí hay un debate rico e interesante desde la perspectiva teórica, porque la diferencia que hace Nietzsche entre Cristo y el cristianismo, pudiera hacerse en algunos casos, entre Francisco y los franciscanos o Ignacio y los jesuitas o entre Mahoma y los musulmanes o Buda y el budismo. Sin embargo, consideramos más relevante, para nuestros fines actuales, perfilar una filosofía de la actitud, detenernos en otro asunto, en cómo Nietzsche describe la filosofía práctica de Jesús, de qué trata su legado práctico. En ello Nietzsche puede ser un pensador clave que nos puede dar pista en su replanteamiento de Jesús. Obviamente, mi propia mirada del asunto de Jesús, como fenómeno histórico y como propuesta de vida práctica, se distancia en muchos aspectos de la interpretación nietzscheana. Pero tampoco tendré eso como objetivo. Más bien me interesa volver sobre el asunto de la actitud práctica de Jesús, dando cuenta de mis coincidencias con Nietzsche en este diálogo que tengo con su obra. La cruz de Jesús no es una opción por el sufrimiento por el sólo hecho de sufrir. No se trata de una prédica masoquista de la mortificación como opción de vida. Por el contrario es un final que es consecuencia de una asunción de sí que no supone un deber, “se debe actuar de tal y cuál forma”, por el contrario, la pericia del actuar dependerá de cada situación., porque la vida no es un cartograma, ni un razonamiento lógico, sino un río heteróclito. La asunción de sí en el mar de las contingencias lo condujo a la cruz. La clave o una de las claves de esa sunción en relación con la otredad es aquella máxima que no dice: “Sean astutos como serpientes y sencillos como paloma” (Mt, 10, 16) La actitud no es negro y blanco sino sinuosa, se despliega en la medida que se abre el terreno. Es una práctica. Justamente, porque se trata de una práctica, de otra forma de vida que se va haciendo en el momento del hacer es que encontramos en la vida de Jesús, actitudes que no son lineales. Desde una lógica del deber, del actuar siempre de una misma manera según un canon establecido, sería imposible conciliar cómo alguien que dice que coloques la otra mejilla si te golpean, setenta veces siete puede afirmar, por otro lado, que: “No piensen que he venido a traer paz a la tierra, sino espada. Vine a enemistar a un hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra. Y así el hombre tendrá por enemigo a los de su propia casa” (Mt.10, 34-36) La asunción literal del último pasaje del evangelio supondría que el ser, la persona, se determina siempre por oposición al otro. Porque soy hijo me enfrento al padre, por ejemplo. Pero el asunto es más sutil. La oposición no es un una determinación a priori, porque son ricos o porque son sacerdotes o… No hay una determinación inicial del otro, el otro entra en juego cuando se cruza con el camino que se ha elegido y se responde dependiendo de la circunstancia, sin oponerse al así mismo sino reconciliado con ese mundo interior. Jesús se enfrenta con aquellos que iban apedrear a la mujer adúltera, no porque eran ellos, por lo que ellos representaban, bien sea su estatus, su clase social o su poder religioso, sino porque se había erigido jueces de la fragilidad, no se veían a sí mismo. Su confrontación es invitarlos a mirarse en su propia fragilidad. Me enfrento porque no te miras y al mismo instante pretendes erigirte juez del otro. Enfrenta la actitud del otro, porque él ha optado por un obrar distinto. Pero quizás, la clave que es resaltada por Nietzsche se encuentra en el siguiente pasaje: “Vino el hijo del hombre, que come y bebe y dicen: miren que comilón y bebedor, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores. Pero la sabiduría se conoce por sus obras” (Mt. 11, 19) La sabiduría es un saber práctico que se evalúa por las obras que produce. Las obras que produce están cargadas del pathos de su creador. La obra máxima es el propio ser. El creador que se crea a sí mismo en su tránsito por el mundo. Jesús se plantea que el mandamiento más importante es amar al otro como a sí mismo. La estructura de referencia del amor, de la relación con el otro, es a partir de la relación consigo mismo. La comprensión de la fragilidad del otro sólo es posible desde la comprensión de la propia fragilidad. Precisamente, el apostar por escuchar al prójimo más cercano, uno mismo, entenderse desde la fragilidad e irse haciendo a sí mismo supone encuentros y desencuentros con el otro. Las rupturas no son desde la negación sino desde la afirmación de lo que se es. Esa afirmación de vida, esa voluntad de hacerse, en momentos, choca radicalmente con aquellas estructuras que desde el poder bien sea económico, político o religioso, pretenden determinar, desde el deber, la vida del sujeto. Es allí cuando se da la ruptura. La ruptura supone no la negación sino una transvalorización del valor. Es por ello que la expresión Cristo Rey no es una negación del Rey, sino transustanciación de lo que significa Rey. “Lo desnudaron, lo envolvieron en un manto escarlata, trenzaron una corona de espina y se la colocaron en la cabeza, y pusieron una caña en su mano derecha. Después burlándose, se arrodillan ante él y decían: ¡Salud, rey de los judíos! Le escupían, le quitaban la caña y le pegaban en la cabeza” (Mt. 27, 27-30) Su práctica, su asunción lo conduce a la humillación más grande. Jesús en medio de esa humillación se asume Rey. Su reinado se manifiesta en su expresión de perdón. No está negando al otro, más bien, comprende la fragilidad del otro que lo conduce a vejarlo y desde esa comprensión de la otredad obra, se hace un hombre que en medio de la máxima incertidumbre y debilidad tiene la fuerza para perdonar. Obviamente, esta actitud de Rey, absuelve o censura, no tiene los componente ni la simbología de lo que significaba Rey, dígase, César. De allí en adelante reinar pierde todo contenido tanto en sustancia como en simbología de lo que aludía la palabra. Y la humillación se transforma en su fortaleza. Su fuerza reside en la debilidad. La noción de fuerza y debilidad, también cobran nueva sustancia, son transustanciado los términos. Una nueva manera de obrar, genera crea, un nuevo lenguaje.

domingo, 18 de noviembre de 2012

EL VAGABUNDO Y CRISTO REY

I El hombre estaba atribulado. No tenía nada ni pedía nada. Una religiosa que le amaba mucho le dijo: Hermano, estas así porque no rezas. Mira a los otros, han pedido y tienen carro, casa y trabajo. Saben pedir. Él sonrió y dijo, soy un vagabundo, yo no sé rezar. El vagabundo, medio borracho, se fue rumiando las únicas palabras del evangelio que aprendió cuando estudió catecismo: “Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados.” El vagabundo no pedía limosna ni pedía nada. No tenía certeza de nada, pero seguía caminando. II Era la imagen de un Rey. Una escultura bellísima. Una corona y una capa, lo hacían más alto, más esbelto, elevado. Corona y capa eran los atuendos de un emperador romano. Él, estaba vestido de César. La imagen del emperador romano amalgamaba dentro de sí al poder político, económico y religioso. Los César solían colocar sus estatuas en el centro del foro, en la entrada de sus palacios o en la entrada de Roma, para que todos los súbditos lo conocieran y adoraran. Era el Rey, el César, quien determinaba quiénes formaban parte de su pueblo y cuáles ritos debían procesar, cómo lo debían hacer y cuándo hacerlo. Sobre todo, determinaban qué actos no debían hacer. Estos mandatos del emperador los hacía cumplir el Censor. El vocablo censo, censura, censor… es de origen romano y deviene de ese cargo especialísimo dentro del imperio. El Censor era el encargado de contar la cantidad de personas que formaban parte del imperio y el encargado de hacer cumplir los ritos a los dioses. También era el encargado de acusar ante el juzgado a los que no cumplían con los rituales. Toda esa estructura, normativa y punitiva, se desprendía del Rey quien le daba la legitimidad, era alfa y omega del Imperio. Era de marmolina pulida. Blanquísima. Mano alzada bendiciendo, mandando o saludando a los súbditos. Corona de emperador. Manto, capa, no era púrpura, sino blanca porque se trataba de la armonía escultórica, pero traslucía su vocación de censor. Cuántos súbditos, qué deben hacer, cómo lo deben hacer y a quién se debe condenar. Imperio y Censura. Censura y Poder. Dinero, Política y Religión Judaica se amalgamaron un día y fue representada también al pasar de los años, con un Cristo César… El César Rey….. III El vagabundo vio la imagen del César y se cagó en ella. Lo echaron a gritos y a patadas. Las familias decentes no soportan la indecencia del vagabundo. La policía, muy uniformada y correcta, lo metió en la celda. Tal acto bochornoso debía censurarse. Así lo dijo el Alcalde, el Obispo y el Empresario. Lo llevaron en un Jeep. En la parte trasera. Esta esposado, porque era peligroso. Él se fue, aún con la tunda de palos que recibía por los honorables policías, muerto de la risa… Nadie entiende a los locos, pensaba el vagabundo, mientras canturreaba entre risas y escupitajos, aquella canción de Héctor Lavoe, que dice así: Esta risa no es de loco, se están riendo de mi me dicen que yo estoy loco pero se están cayendo de un coco porque de mi no pueden reír lo que les pasa es que sin mi saoco no pueden vivir porque yo canto, bailo, toco un poco y me hace sacudir. IV ¿Cuál Jesús? (Preguntó inocentemente, pero con las ganas de partir en dos ese monumento a la traición) - Jesús, nuestro redentor, Jesús de Nazaret. Respondió la señora perfumada. Una opción, la prudente, la de sonrisa y alabanza, era la de callar, aplaudir, no decir nada para no quedar mal, la de la comodidad… Además parecía un asunto como de irrespeto, en el momento de la alegría generar una amargura… Eso pensaba. Su cuerpo estaba lleno de dudas. ¿Cómo actuar? Él no nació para los aplausos, aunque le solían dar bastantes… Tantos aplausos le deban hasta que decía no sólo lo que agradaba, sino también lo que pensaba… Allí el aplauso era acompañado por un mar de críticas. Luego del aplauso solían venir groserías, miradas y hasta golpes… Por eso él había dejado de predicar hacía años, él no se sentía verdaderamente alguien que podía conciliar su vida con su palabra… No sentía que era capaz de decir lo que pensaba porque a veces ni el mismo se entendía… Para él, predicar era un asunto muy serio… Y él no se sentía digno de sí mismo para hacer tal cosa…. Incluso, una vez sintió que cometió el error de volver al púlpito, pero rápido se fue al desierto. ¿Cómo se puede predicar? Quién predica no tiene otro fin sino el de la cruz, porque no hablará desde el deber, sino desde el hombre. No le importará la ley, el día sábado, el día de guardar, ni las buenas o malas opiniones. No le importará andar con putas, malandros o samaritanos… quien predica es alguien definitivamente cristiano. ¿Quién es cristiano? Un libro proscrito por la iglesia, porque su nombre pareciera una herejía, El Anticristo, escrito por Nietzsche y, tal vez, dentro del Sacro Imperio de la Iglesia tienen razón de quemarlo, porque el argumento central es que el Anticristo es la institución Eclesial, porque traicionó casi desde el mismo momento de la muerte de Jesús, a Cristo… (Una evidencia, de la tesis nietzscheana, era esa imagen de César que llevaba el nombre de Cristo Rey…) Nietzsche dice lo esencial del que predica, del cristiano. Para saber quién es cristiano, si no se quiere leer el evangelio porque pareciera un asunto medieval o sólo para curas. Entonces es recomendable para los ateos, praa los agnósticos y para los más anticristianos, los que comulgan a diario sin saber qué hacen aunque tengan años de teología en el bolsillo, a todos ellos se les recomienda, digo una vez más, de no querer leer el evangelio, entonces, leer a Nietzsche. Así escribe: “No es una fe lo que diferencia a los cristianos; el cristiano obra, se diferencia por un obrar distinto… El profundo instinto de cómo se debe vivir para sentirse en el cielo, para sentirse eterno, mientras que con cualquier otro proceder uno no se siente en el cielo: ésta es la única realidad de la redención. Un nuevo modo de vida, no una nueva fe…” (Nietzsche, Anticristo, XXXIII) Quien predica no habla, sino que obra de una manera distinta, su palabra es su ser. Como no había emprendido la ruta de un nuevo modo de vida, dejó de predicar. Pero… ¿se callaría este asunto? V Él buscó dentro de sí. No era ni siquiera un asunto de testimonio o no, ni de ser cristiano o no… No volvería a predicar, pero no dejaría de decir lo que pensaba, sobre todo porque el simbolismo, la interpretación del Cristo estatua era un asunto más elemental… de lectura… Hasta un ateo, podría contra argumentar el simbolismo de la estatua blanquísima con capa y corona de César, pensó… Entonces no es un ejercicio de predicador, sino como estricto lector. De allí que se dispuso a escribir. ¿Jesús se parecía al César? ¿En qué contexto se proclama Jesús Rey? ¿De qué trata su reinado? ¿Frente a quien se proclamó rey? Dice el evangelio: “Le dijo Pilato: - Entonces, ¿tú eres rey? Jesús contestó: - Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.”(Jn, 18, 37) “Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar. Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo vistieron con un manto rojo y acercándose a él le decían: - ¡Salud, rey de los judíos!” (Jn., 19, 1-3) - Ahí tiene a su rey. Ellos gritaron: - ¡Afuera, afuera, crucifícalo! Les dice Pilato: - ¿Voy a crucificar a su rey? Los sumos sacerdotes contestaron: - No tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. (Jn. 19, 14-16) El pueblo Judío y el Imperio se unieron. Jesús no es César. “El que se hace rey va contra el César” (Jn. 19,12) Para los acusadores de Jesús, no hay otro rey que el César. El César tiene una bella corona y un manto. Jesús tiene una corona de espina, no es la del príncipe de Asturia. Su atuendo de rey, era la mofa del romano. La burla era la de los poderosos tanto políticos como religiosos frente a un Jesús que optó por otra manera de vivir. Jesús no predicó una fe distinta. No era una fe distinta a la del pueblo judío, era una manera distinta de vivir. Por ser distinta terminó crucificado por el poder económico, treinta monedas, poder político, Herodes y Pilatos y el poder religioso, los sumos sacerdotes. El Rey Jesús, era el hombre súper frágil que desde su fragilidad pone en cuestión a la religión judía, al poder económico y al poder político de su momento. El Jesús rey es el desvalido, el humillado. “Los soldados se burlaban de él. Se acercaban a ofrecerle vinagre y le decían: - Si eres rey de los judíos sálvate. Encima de él había una inscripción que decía: Este es el rey de los judíos.” Es paradójica la señal de la vida de Jesús. Su proclamación de Rey, no es en una fiesta, no hay fiesta. Es una tragedia personal no sólo por lo que padece sino por la incomprensión de sus seguidores y, a su vez, es el sello de su alianza, es su opción de vida que termina en una inmensa burla. La burla obviamente, es porque lo consideran loco, no es un Rey… no tiene poder político, ni económico ni es de los doctores de la ley… Se burlan porque lo consideran un loco. Su vestimenta de rey, es la mayor ofensa a Jesús. Su reinado no es de este mundo, no es el de César, es el de la verdad. Pero la verdad la dicen los niños y los locos, los racionales prefieren mantener sonrisa y el buen decir e ir a misas a pedir por la paz del mun do mientras aprietan el botón de la guerra. Jesús el loco rey, el rey loco… “(…) sus parientes fueron echarle mano, porque se decía que no estaba en sus cabales” (Mc.3,21) VI El vagabundo estaba ebrio. No quería salir de la cárcel. Les gritaba que en cualquier parte hay una cárcel. La cárcel es la de ustedes, aquí estoy en libertad. Lloraba y reía de manera simultánea. Cuando lo buscaron. Había resucitado. Nadie le pudo dar muerte… " ha resucitado y ya nadie podrá volver a darle muerte . Aunque nuevos saduceos intentarán convertir su evangelio, que es la espada de los pobres, en escudo amparador de los ricos, no lograrán matarlo. Aunque nuevos herodianos pretendan valerse de su nombre para hacer más lacerante el yugo que doblega la nuca de los prisioneros, no lograrán matarlo. Aunque nuevos fariseos se esforzarán en trocar sus enseñanzas en mordazas de fanatismo y en acallar el pensamiento libre de los hombres, no lograrán matarlo (…) Él ha resucitado y vivirá por siempre en la música del agua, en los colores de las rosas, en la risa del niño, en la savia profunda de la humanidad, en la paz de los pueblos , en la rebelión de los oprimidos , si , en la rebelión de los oprimidos, en el amor sin lágrimas.” MIguel Otero Silva VII Dijo la religiosa. Yo soy esclava de Cristo Rey. La figura de Cristo Rey es la más humana de Jesús o mejor dicho donde visualizamos la mayor entrega de Jesús y su condición humana absolutamente. Porque es el Dios humillado, el ofendido, el que todos escupen. El que se le consideraba loco. Ese rey que se burla hasta el ladrón que le dice sálvate… ¿Acaso no eres el mesías?... Es el rey que vive su máxima soledad y sufrimiento. Cristo Rey es lo contrario radical de un rey… El opuesto al César. La esclavitud a ese rey no tiene nada que ver con asuntos de esclavos ni de reyes. No es la esclavitud al césar. Por el contrario es la máxima libertad, con la responsabilidad absoluta de la vida que se asume. Donde no hay un Dios que hable como en el antiguo testamento desde los cielos. Dice el evangelio que comentaban: “Espera a ver si viene Elías a salvarlo” (Mt, 27,49). No hubo voz del cielo…. Por el contrario, lo que se removió fue la tierra… “Al ver el terremoto” dice el evangelio…. La asunción de la fragilidad como reinado hace crujir la tierra, es un terremoto donde “el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo”… El reinado es el de la fragilidad de la condición humana como verdad. Es por ello que nuestra virtud es la humildad y la práctica de la humillación es un asunto que nuestro Padre Pedro Legaria siempre hablaba… Nadie entendió a la monjita, yo tampoco. VIII El vagabundo se apareció y dijo entre lenguas aquí traje la revelación… ¿Qué significa esclava de Cristo Rey? “Al discípulo le basta ser como su maestro y al sirviente como su señor” (Mt, 10, 25)… Agarra este trompo en la uña papá, dijo y se fue jodiendo…

viernes, 16 de noviembre de 2012

COMIDA LENTA, NOCHE OSCURA

La filosofía de la actitud se pregunta por el cómo asumir el instante, el acontecer, en su pleno desarrollo. No es un conjunto de consejos válidos para cualquier situación y en cualquier circunstancias. Más bien, indaga en la sensibilidad, en el oído que uno mismo debe tener para escucharse. A veces, sorprenderse de uno mismo... No huye del desierto ni de la oscuridad... Por el contrario, indagar, en la asunción de la incertidumbre, en ese no saber qué hacer, en la confusión de los sentidos, es su ritmo más preciado. No prtende buscar una varita mágica para encontrar la brújula del buen vivir.. Hay momentos que lo más sensato es asumir la incapacidad de orientarse, penetrar lentamente en los laberíntos interiores, descubrir las posibilidades que surgen de la lentitud de la depresión y del olvido... Es como el artista que hace un boceto y sabe que no es lo que quiere, pero no sabe a ciencia cierta lo que quiere y sin embargo, aunque se llene de ron, de drástica rabia consigo mismo, indaga como si la solución la tuviera al voltear la esquina, aunque está seguro de su fracaso... pero lo intenta, una y otra vez... Su drama es la imposibilidad de acertar mientras sigue intentándolo... pero esa experiencia es inigualable para su condición de creador... Es el ejercicio de su voluntad frente a la negación de la vida... ¿La pastilla? Es un buen invento para calmar lo que no tiene calma, el ser... Es la brujería y la autoayuda ficticia de los tiempos modernos... La noche oscura como decía San Juan de la Cruz, puede ser una experiencia dificilísima de asumir, pero extraordinaria de vivenciar si dejamos de tener miedo a nosotros mismos... La luz es su anhelo de todo ser humano, pero jamás se podrá reconocer si no se experimenta la noche, la oscuridad... La pastilla anula una parte sustancial del ser, pretende hacernos como Alf, aquél extraterrestre que decía "No hay problemas"... Seguramente, en casos extremos, dirían alguno es necesaria... También es cierto..Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a la comida rápida... a la salud rápida, al bienestar rápido, al aprendizaje en diez fáciles lecciones... Precisamente porque la vida transcurre rapidamente debemos vivenciarla lentamente... A veces, esta vertiginosa especialización, nos hace cómodo y por eso corremos para que los señores especialistas nos digan qué hacer con el hijo o la hija o la pareja... o que resuelva al hijo, la hija o la pareja... Es más fácil darle la responsabilidad al médico, ese cura, sacerdote contemporáneo... O, también se recurre a pedirle a Dios... Olvidando aquel extraordinario pasaje del evangelio donde Jesús, grita Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado? y del cielo no se escucha nada... Lo deja en su humanidad, en su soledad y en su estricto sufrimiento.... Si se comprendiera eso... tal vez... No sé... si por lo menos lo pensaramos seriamente, mirando a cada persona que nos constituye... Prefiriiéramos el placer de la comida lenta.... A veces creo esto...