Desde los
tiempos antiguos muchos filósofos han conceptualizado el vivir como un arte. A
finales del siglo XIX, Nietzsche retoma esa enseñanza ancestral de la filosofía,
la asunción de la vida como un arte y al sujeto que la vive como un artista.
Pensemos, por
ejemplo, una metáfora utilizada por un
filósofo antiguo llamado Plotino, la vida de cada uno es como una escultura y
el arte de vivir es ir tallando esa escultura.
Desde que
nacemos nos vamos conociendo en la medida que interrelacionamos con el
mundo. El bebé descubre su cuerpo en interacción con su madre, con el nuevo espacio que se le abre, con los otros. Ese mundo que se nos ofrece es inmenso, porque cada ser con el que
transitamos es un nicho de vivencias, carga consigo sus miradas del mundo. Su
manera de hablar, gesticular, emocionarse, molestarse o acompañar depende de su
historia vivida, de cómo la ha asumido, de la cultura en que vive, de la familia en la que se crió, etc.
En la relación con ese otro no sólo
conocemos al otro, sino a nosotros mismos. Descubrimos en nosotros aquellas
cosas que podemos tolerar, aquello que nos saca de nuestros cabales, aquello
que nos da temor, descubrimos qué situaciones podemos enfrentar con valentía,
descubrimos de qué trata la amistad, el amor, el desengaño, la soledad, la
ausencia.
Imaginar la
vida como un arte es imaginar que los acontecimientos, los otros y uno en esa
relación, son una arcilla que se nos presenta sin forma. La actitud que se tiene
frente a ese acontecer dará una forma particular a esa arcilla. Imaginemos a un
hijo enfermo. La enfermedad se nos presenta como una arcilla. Es parte de esa
arcilla los médicos, la clínica, el tratamiento. La manera cómo enfrentar esa
situación determinará la forma de la arcilla.
La ataraxia, la no perturbación, la tranquilidad que hablaban los
antiguos no es imaginarnos a un ser sin sentimientos, frío y que les resbala
todo. Nada de eso, por el contrario, la tranquilidad de ese padre y esa madre,
será saber cuáles son sus posibilidades, cuáles son sus límites, cuáles son las
posibilidades de los médicos, cuáles son sus límites, qué dejar a la Gracias
como dirían los cristianos a la voluntad de Dios o a la contingencia como diría
el saber laico, esa conciencia no significa que no padezcan, sino que pueden padecer, eso lo humano, pero sin desesperar, sin enloquecer e incluso, con la posibilidad de hacer mucho más allá que qudarse en la circunstacia particular, ese sería la obra de arte mayúscula..
Si se está
claro en ello, el padre y la madre saben que su objetivo es tratar de formarse un criterio para elegir a un buen médico, eso es por ensayo y
error. Todo padre y madre desearía encontrar bajo unos criterios racionales, matemáticos,
algorítmico, de computadora, quién es el mejor, pero eso sería no conocer los
límites de la condición humana. La computadora con los criterios más racionales
siempre dará una aproximación, nunca exacta porque la virtud del ser humano es no ser una máquina, sino seres que aprendemos a ser a partir de nuestros errores. Esa conciencia debe tenerla para indagar,
buscar, no quedarse de manos cruzadas e ir probando hasta donde se pueda y la
circunstancia lo permita. Hay decisiones de inmediato que no pueden tener esta
consideración, allí nos entregamos al azar, a la contingencia o a la Gracia.
Al llegar a
quien él considera que es el mejor o por lo menos, para ese instante, es el
mejor, asumir las recomendaciones e indicaciones de ese o de esos médicos. Es
posible que el médico cometa un error, es un ser humano, y eso le dolerá infinitamente
al padre o a la madre y lo sufrirá el hijo, pero ellos deben saber que hicieron
lo humanamente posible por encontrar a lo que consideraban el mejor y ese señor
fue su límite. Padecer por decisiones que no se hicieron sería absurdo porque
las tomadas tenían un límite. Además, el pasado ya pasó y es inmodificable, el futuro siempre es incierto, de lo único que nos podemos hacer cargo es del presente en el solo presente.
Ahora bien, cómo lleva la enfermedad el hijo, es
una responsabilidad del padre quien lo
forma, lo educa. Si el padre está angustiado o distraído, maldiciendo el devenir,
lo que acontece y no tiene conciencia que él es limitado, que su madre es
limitada, que no somos dioses, entonces, ese tiempo de angustia sin saber qué hacer, lo invierte,
por el contrario, en plantearse un plan de trabajo que se incia con el mismo, cómo asume la enfermedad de su hijo de tal manera que ese
acontecimiento se transforme en un nuevo espacio de tranquilidad y amor… La manera cómo los pdres reflexionen el acontecimiento generará unas formas y no otras en el trato del hijo y de la forma cómo lo educan.
La historia de
cada uno está llena de casos de personas que han asumido su enfermedad o la de sus parientes de tal
manera que no sólo se sobre ponen a ella, sino que han generado fundaciones,
investigaciones, para ayudar al otro, a los otros. Esas personas transformaron su acontecer,
su tragedia en un evento de envergadura, hicieron con la arcilla una escultura bella.
Obviamente,
quien me lee dirá, esos son puras palabras, cuando se está en situación es otra
cosa. Eso es verdad pero no es toda la verdad. De qué depende. Depende de la
conciencia del artista en prepararse, de ejercitarse diariamente, con pequeñas
cosas, asumiendo eso pequeño como si fueran asuntos de vida o muerte. Ese
ejercicio prepara al cuerpo para enfrentar cada vez situaciones mayores, pero
no sólo enfrentarlas, eso es lo corriente, es lo común, es casi una obligación.
El artista hace de lo común una obra de arte. Hace de la arcilla una hermosa
escultura. Ese hombre que se monta sobre sus propios hombros en cada acontecer
se hace un súper hombre, como diría Nietzsche, un héroe ordinario, como diría
Pedro Legaria.
Con toda
seguridad esos grande artistas que han transformado su situación en un
acontecimiento hermoso, siente dolor, tristeza, angustia, pero ese sentimiento
no los paraliza, sino por el contrario, son el motor para emprender caminos más
empinados. Se hacen cargo de sí mismo. Se preguntan a cada instante de qué soy
capaz. He allí una de las enseñanzas de la historia de la filosofía con
respecto a la actitud del artista de la vida.