jueves, 30 de agosto de 2012

GOBIERNO DE SÍ MISMO

La filosofía de la actitud trata sobre el gobierno de sí mismo. Tal vez uno de los libros más importante que aborda este tema es el Alcibíades de Platón. El asunto que trata Platón es la importancia, la relevancia de cuidarse, conocerse y gobernarse, como condición necesaria para ser alguien que participa en la vida pública, en la política. La preparación espiritual como ante sala, como condición necesaria, para dirigir y gobernar a otros. El buen gobernante se sabe gobernar a sí mismo. Quien se sabe gobernar a sí mismo, tiene la condición para gobernar a otros. La relevancia histórica y cultural de ese diálogo reside en las diversas maneras que fue utilizado, con finalidades distintas en diversas épocas. Fue utilizado en el mundo griego, como instrumento de formación del ciudadano, para el ejercicio de la vida pública, dentro de la Academia dirigida por Platón. También fue un texto básico utilizado en el imperio romano, para la formación de aquellos que ejercían el poder (Roma controló un territorio aproximado de 6 Millones de kilómetros cuadrados y duró aproximadamente desde el siglo I A.C hasta el siglo III D.C). Véase un mapa para que tomemos dimensión visual de la extensión de lo que era el Imperio Romano. (http://www.google.co.ve/imgres?imgurl=http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3f/Imperio_romano.jpg&imgrefurl=http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Imperio_romano.jpg&h=399&w=566&sz=63&tbnid=32Js00GqD0v8UM:&tbnh=90&tbnw=128&zoom=1&usg=__UbfDsHZyURqx81E_EOkuyX4OoYY=&sa=X&ei=Yno_UOj1GceJ6gHDrYCoAg&ved=0CFwQ9QEwCA&dur=1637) Ese mismo libro, El Alcibíades de Platón, fue utilizado para la formación de los monjes durante la expansión del cristianismo, a través de la creación de monasterios en lo que era el antiguo imperio romano a partir del siglo III y IV DC. Los religiosos lo utilizaban como un libro de preparación espiritual, previa a la lectura de los libros sagrados. Justamente, la conexión clave de este diálogo con el Evangelio, era el mandamiento dado por Jesús: Amad al otro como así mismo. La referencia del amor al otro, es el amor a sí mismo. Para amarse a sí mismo hay que conocerse. Conocerse es la condición para amarse. Amarse es gobernarse y esos ejercicios eran la condición para el amor al otro. A partir del siglo XII D.C los monasterios se irán transformando en lo que hoy se conoce como Universidades, en el paso de los siguientes siglos este diálogo pasó a engrosar la lista de libros de la disciplina filosófica. Se empezó a leer no tanto para planteárselo como una lectura que condujera a una transformación de la vida, como una lectura espiritual o de formación del carácter para gobernar, sino como un libro histórico que permitía conocer cuál era la vida del mundo antiguo. A comienzo de la década de los ochenta (1982) el sociólogo francés Michel Foucault dicta un curso en el Colegio de Francia que ha sido publicado por el FCE, llamado La Hermenéutica del Sujeto, donde trata de mostrar la relevancia e importancia en la historia de la cultura occidental del libro el Alcibíades, tal investigación lo condujo a repensar la relación estrecha entre ética y política. La importancia en el mundo contemporáneo de la inquietud, cuidado y conocimiento de sí mismo. Volver sobre este diálogo: El Alcibíades de Platón. Leerlo en nuestro contexto global. Tratar de mirarlo no tanto como esqueleto arqueológico, sino como un cuerpo de ideas que quizás nos pueden ayudar para enfrentar los asuntos de nuestra vida cotidiana, cómo gobernar nuestro cuerpo en el mundo de la rutina, cuando acontece una adversidad, en los momentos de alegría y derroche, cómo gobernarnos frente a situaciones de incertidumbre y, por supuesto, puede ayudar a plantearnos cómo gobernar nuestra casa, gobernar nuestro condominio, gobernar nuestras instituciones, gobernar nuestro estado…. La pregunta ¿De qué es capaz mi cuerpo?, ¿De qué soy capaz?... Sólo puede ser respondida por alguien que tiene entrenamiento, que se conoce, que se ha gobernado y se gobierna y por lo tanto, sabe de sus alcances y de sus límites, sabe de su potencialidad.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Nuestra esta época está atormentada por el afán de la velocidad y la novedad. Velocidad y novedad son las ruedas del progreso en el ámbito del conocimiento. Conocimiento e información es el ideal de toda persona que desea progresar en nuestra sociedad. Se le solía llamar sabio, en nuestras universidades, a quien tenía conocimiento e información. Un Google caminante sería la metáfora de lo que entendíamos por una persona culta, sabia… Velocidad y novedad, información y conocimientos… Tal vez, de lo que nunca nos ocupamos de conocer es al prójimo más cercano, nuestro Yo, a nosotros mismos. Ocuparnos de nosotros mismos es mirar lentamente, quizás sin muchas novedades, con información tal vez repetitiva, la vida que vivimos, porque mirarnos en la cotidianidad supone verse en las vivencias que se repiten, y aún en la novedad de los acontecimientos, hay un ser que permanece, el que se enfrenta a los hechos, nuestra persona. La filosofía de la actitud no pretende encontrar novedades ni tiene el afán de la velocidad. El objeto de conocimiento es uno mismo. La persona que uno es. ¿Quién soy? ¿Por qué enfrento los asuntos de la vida de una manera y no de otra? La aventura de la filosofía de la actitud es uno mismo en las vivencias diarias. La sabiduría no está en la acumulación de la información sino en la capacidad de saber: ¿De qué es capaz nuestro cuerpo? ¿De qué somos capaces? ¿De qué me puedo hacer cargo?... No viviendo en el recuerdo, el pasado ya pasó. No se trata de una planificación para un futuro… ¿Sabes lo único seguro del futuro? La muerte… El futuro no está en nuestras manos… La sabiduría es hacerse cargo de sí mismo en el presente. Para hacerse cargo de sí mismo, para saber de qué es capaz nuestro cuerpo, debemos conocernos. Varios pensadores, filósofos, han reflexionado seriamente sobre estos asuntos. Uno de ellos fue Friedrich Nietzsche, en 1887, publicó un libro titulado Genealogía de la Moral, en su prólogo plantea el problema del conocimiento de nosotros mismos, como el asunto principalísimo que debemos ocuparnos, citaré en extenso ese primer fragmento para que nos quede como el horizonte del camino que emprendemos. Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos: esto tiene un buen fundamento. No nos hemos buscado nunca, -¿Cómo iba a suceder que un día nos encontrársenos? Con razón se ha dicho: Donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón. Nuestro tesoro está allí donde se asientan las colmenas de nuestro conocimiento. Estamos siempre en camino hacia ellas cual animales alados de nacimiento y recolectores de miel del espíritu, nos preocupamos de corazón propiamente de una sola cosa, -de llevar a casa algo. En lo que se refiere, por lo demás a la vida, a las denominadas vivencias, -¿Quién de nosotros tiene siquiera suficiente seriedad para ellas? ¿O suficiente tiempo? Me temo que en tales asuntos, jamás hemos prestado bien atención “al asunto”: ocurre, precisamente, que no tenemos allí nuestro corazón -¡Y ni siquiera nuestro oído! (…) Necesariamente permanecemos extraños a nosotros mismos, no nos entendemos, tenemos que confundirnos con otros, en nosotros se cumple por siempre la frase que dice: “cada uno para sí mismo, el más lejano”, -en lo que a nosotros se refiere no somos lo que conocemos. (Nietzsche, 1887/1996: 17-18, Frag.1)

martes, 28 de agosto de 2012

La Filosofía de la actitud es un estilo de pensamiento que se ocupa de reflexionar sobre el sujeto, el hombre, en su diario vivir. No de manera abstracta, sino a partir de las vivencias. Se trata de destacar las cosas buenas que nos dan las situaciones de prosperidad y descubrir, siendo un orfebre de nuestra propia vida, las riquezas que pueden proporcionarnos las situaciones adversas. Se trata de una sabiduría ancestral que consideramos importante retomar, en nuestro mundo contemporáneo, para hacer de nuestra existencia un oasis donde nosotros mismos podamos reposar.